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Mar 26, 2021 293 0 Innocent Umezuruike Iroaganachi,
Encuentro

El Rosario Nunca Falla

 ¿Estás pasando por tensión financiera y deudas? Aquí está una solución a todos tus problemas.

Desde la escuela secundaria, cuando leí sobre las quince promesas de la Virgen María a los que rezan el Santo Rosario, hice todo lo posible por rezar un Rosario todos los días. Como estudiante, me prometí que nunca cobraría a la gente por prestarles ayuda, especialmente si involucra el uso de mis talentos dados por Dios. Las palabras de gratitud de aquellos que se beneficiaron de mi ayuda me hicieron sentir más satisfecho que cualquier forma material de aprecio.

Giro Inesperado

Mientras era estudiante universitario en el Instituto católico de África Occidental (CIWA) en Estudios de Comunicación y Comunicaciones Organizativas, yo esperaba que siempre tendría suficiente apoyo financiero de mi familia, porque teníamos una estación de servicio que vendía productos petrolíferos. Por supuesto, es un negocio en auge en mi país, Nigeria, así que nunca anticipé ninguna falta de fondos. Pero cuando entré en mi último año como estudiante de pregrado, el gobierno federal marcó los locales de negocios de mi familia y otros edificios para la demolición para expandir un camino importante, prometiendo una compensación generosa.

Como resultado de la demolición prevista, mi familia tuvo que cerrar el negocio y comprar otro sitio para reubicar la estación de servicio, esperando que los pagos de compensación cubrirían el préstamo y el costo de la reconstrucción. Sin embargo, seis años después, todavía no se ha pagado ninguna indemnización. Esto afectó mi educación, porque no podía pagar mis honorarios. Afortunadamente, mis otros hermanos ya habían terminado la universidad.

Peso del Estrés

Dios siendo tan amable, yo tenía algunos ahorros, lo que me permitió pagar mis facturas para el último año de mis estudios de pregrado. Con la expectativa de que pronto se pagaría la compensación, me inscribí en un curso de maestría de dos años, pero esto nunca ocurrió, así que el negocio familiar no pudo recuperarse. Al final de mi último año de maestría ya había acumulado una deuda de tres mil dólares, y no podría graduarme antes de pagar cada centavo de la deuda.

El estrés de mi deuda me pesaba físicamente, emocionalmente y psicológicamente. Me sentí incapaz de pedir ayuda a nadie porque no podía soportar el trauma de ser rechazado. Llegué a beber alcohol y a pasar noches con amigos para evitar los constantes recordatorios de mi penuria que me asedia cuando estaba solo y no intoxicado. Algunos de mis amigos, que estaban sorprendidos por los cambios en mi estilo de vida, me preguntaron qué estaba pasando, pero me sentí demasiado avergonzado de decirles.

Cuando el estrés se volvió insoportable, finalmente confié en mi moderador de tesis, el profesor Oladejo Faniran, que también es el jefe de mi departamento, y un sacerdote católico. Después de revelar mis problemas, le pedí que aprobara mi solicitud de aplazamiento, para que pudiera remitirla al registrador de la escuela para su aprobación. Se opuso, pidiéndome que no renunciara. Me animó a confiar en Dios, a rezar mi Rosario, a compartir los problemas con otros, y prometió hablar con algunas personas en mi nombre. Esa noche, en vez de intoxicarme con alcohol como de costumbre, salí a la oscuridad de la noche para orar el Santo Rosario. Con lágrimas en mis ojos, clamé mi corazón a Dios, pidiendo misericordia y ayuda.

El Último Encuentro

Con solo unas semanas para mi graduación, encontré el valor de revelar mi situación a cualquiera que se interesara, incluyendo amigos, compañeros de clase e incluso a mis conocidos de las redes sociales. Incluso los compañeros estudiantes, que lo escucharon por parte de otros, vinieron a mi ayuda con contribuciones financieras que iban más allá de mi imaginación. Para mí, el aspecto más milagroso de todo esto fue que nadie me rechazó. La gente vino a mi rescate de maneras que nunca esperaba. Pude recaudar toda la suma, con dinero para ahorrar.

Anteriormente, siempre había confiado en mi poder de voluntad por excelencia, pero cuando la presión se hizo insoportable, me di por vencido y me deprimí. Pero ahora que estoy volviendo a la oración para ayudarme a hacer frente al estrés, especialmente el Rosario de cada mañana, estoy lleno de una confianza tranquilizadora que me impulsa a dar lo mejor de mi  y esperar lo mejor.

Incluso cuando las cosas no salgan como esperaba y deseaba, mi espíritu seguirá siendo elevado y en paz. No me siento completo si pasa algún día sin rezar el Rosario, porque no puedo permitirme perderme las promesas de Jesucristo como se revela a través de Su madre, la Santísima Virgen María. Mi encuentro diario con Él en su Rosario continúa contribuyendo significativamente a construir mi confianza en mí mismo, alimentando mis interacciones diarias y situándome en un camino de vida responsable.

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Innocent Umezuruike Iroaganachi

Innocent Umezuruike Iroaganachi works as a media correspondent with SIGNIS (World Catholic Association for Communication). He holds a Bachelor and a Master of Arts degree in Communication Studies and Pastoral Communication from the Catholic Institute of West Africa, in Nigeria. He was an intern at the Shalom Media office in Ireland.

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