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Jun 05, 2024
Encuentro Jun 05, 2024

¿Has estado soñando con una paz duradera que parece evadirte de alguna manera sin importar cuánto la busques?

Es natural que nos sintamos constantemente desprevenidos en un mundo impredecible y en constante cambio. En esta experiencia aterradora y agotadora, es fácil asustarse, como un animal atrapado sin ningún lugar a donde huir. Y pensamos… si tan solo trabajáramos más duro, por más tiempo, o tuviéramos más control, tal vez podríamos ponernos al día y finalmente ser libres para relajarnos y encontrar la paz.

He vivido así durante décadas, confiando en mí misma y en mis esfuerzos, y nunca me “puse al día”. Poco a poco me di cuenta de que era una ilusión vivir de esa manera.

Finalmente, encontré una solución que ha sido revolucionaria para mí. Puede parecer lo contrario de lo que se requiere, pero créanme cuando digo esto: rendirse es la respuesta a esta laboriosa búsqueda de la paz.

La jugada perfecta

Como católico sé que se supone que debo entregar mis pesadas cargas al Señor. También sé que se supone que debo “dejar que Jesús tome el volante” para que mi carga se vuelva más ligera.

Mi problema era que no sabía cómo «entregar mis cargas al Señor». Oraba, rogaba, hacía tratos de cuando en cuando, e incluso en una ocasión le di a Dios una fecha límite (esa fue la última vez luego de que fui instruida en un retiro por san Padre Pío, quien dijo: «No le des a Dios una fecha límite»… ¡mensaje recibido!).

Entonces, ¿qué vamos a hacer?

Como seres humanos basamos todo en un píxel de información que tenemos a nuestra disposición y en una comprensión insoportablemente minuciosa de todos los factores, naturales y sobrenaturales. Si bien puedo tener en mi mente las mejores soluciones, hay algo que escucho más alto y claro en mi cabeza: «Mis caminos no son tus caminos, Barb, ni mis pensamientos, tus pensamientos»… me dice el Señor.

Este es el trato. Dios es Dios, y nosotros no lo somos. Él lo sabe todo: pasado, presente y futuro. De alguna manera sabemos lo que este gran poder implica. Por supuesto, Dios, en su sabiduría que todo lo abarca, entiende las cosas mejor que nosotros, así como el movimiento perfecto para hacer en el tiempo y en la historia.

Cómo rendirse

Si nada en tu vida está funcionando con todos tus esfuerzos humanos, es esencial rendirse. Pero rendirse no significa mirar a Dios como una máquina expendedora en la que ponemos nuestras oraciones y seleccionamos cómo queremos que Él responda.

Si como yo estás luchando por rendirte, me encantaría compartir el antídoto que encontré: la Novena de Rendición.

La conocí hace unos años y estoy agradecida más allá de las palabras. El siervo de Dios, Padre Don Dolindo Ruotolo, director espiritual del Padre Pío, recibió esta novena de Cristo Jesús.

Cada día de la novena habla brillantemente a cada individuo de maneras que solo el Señor sabría cómo abordar. En lugar de decir las mismas palabras repetitivas todos los días, Cristo, que nos conoce muy bien, nos recuerda todas las formas en que tendemos a interponernos en el camino de la entrega auténtica, que impide al Maestro hacer la obra a su manera y en su propio tiempo. La frase final: «Oh Jesús, me entrego a ti, cuida de todo», se repite diez veces. ¿Por qué? Porque necesitamos creer y confiar plenamente en Cristo Jesús para que se encargue perfectamente de todo.

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By: Barbara Lishko

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Jun 05, 2024
Encuentro Jun 05, 2024

Mantén tus oídos abiertos a los más ligeros impulsos de la naturaleza… Dios está hablándote todo el tiempo.

Dios está tratando constantemente de comunicar su mensaje de amor hacia nosotros: en las cosas pequeñas, en las cosas grandes… en todo. Con frecuencia, el ajetreo de la vida nos lleva a perdernos lo que Él está tratando de decirnos en ese preciso momento, o después. Nuestro amoroso Dios anhela que vayamos hacia Él en el silencio de nuestros corazones. Es ahí, en donde verdaderamente podemos encontrarlo y empezar a fomentar nuestra relación con Él: escuchando al “buen maestro” (Juan 13, 13). Santa Teresa de Calcuta enseñaba que: “Dios habla en el silencio de nuestros corazones”. La Escritura también nos enseña, que fue únicamente después de que un viento tempestuoso, un terremoto y el fuego habían desparecido, que Elías pudo escuchar y entender a Dios a través de “su apacible y delicada voz” (1ª Reyes 19, 9-18).

El Poder que nos mueve

Recientemente, fui con mi sobrina a la playa en el Norte de Gales; queríamos volar una cometa juntas. A medida que el mar ser iba alejando, fuimos desenrollando la cuerda sobre la arena. Lancé la cometa hacia el aire mientras mi sobrina salió corriendo tan rápido como podía, sosteniendo el asa. La playa estaba parcialmente rodeada por acantilados, por lo que, a pesar del fuerte viento y las olas, la comenta no se quedaba en el aire por mucho tiempo. Ella empezó a correr nuevamente, esta ocasión aún más rápido; tratamos una y otra vez. Después de algunos intentos, nos dimos cuenta de que eso no iba a funcionar.

Miré alrededor y vi que, en la parte alta de los acantilados había un campo abierto con mucha tierra. Así que, juntas, escalamos más arriba. Mientras empezábamos a desenredar la cuerda nuevamente, la comenta comenzó a moverse; mi sobrina sostuvo fuertemente el asa. Antes de darnos cuenta, la cometa estaba completamente extendida y volando muy alto. Lo bueno de esta vez fue que las dos pudimos disfrutar ese momento juntas con el mínimo esfuerzo. La clave fue el viento, pero el hecho de poder elevar la cometa se logró al conseguir un lugar donde el viento pudiera soplar realmente. La alegría, las risas, la diversión y el amor compartido en ese momento no tuvieron precio. El tiempo parecía haberse detenido.

Aprendiendo a volar alto

Más tarde, mientras oraba, aquellos recuerdos volvieron a mí, y sentí que me estaban enseñando poderosas lecciones de fe, especialmente acerca de la oración. En la vida podemos intentar hacer cosas con nuestras propias fuerzas; y hay algo en nuestra caída naturaleza humana que nos lleva a querer tener el control. Es como estar al volante de un auto; podemos confiar en Dios y permitirle que nos guíe, o podemos ejercitar nuestro libre albedrío. Dios nos permite tomar el timón de nuestra vida si lo deseamos y decidimos hacerlo; pero a medida que viajamos con Él, vemos que no desea que tratemos de hacerlo todo por nuestra propia cuenta, y que Él tampoco quiere hacerlo todo por sí mismo. Dios desea que hagamos todo a través de Él, con Él y en Él.

El acto mismo de orar es ya un don en sí mismo, pero requiere de nuestra cooperación. Es una respuesta a su llamado, pero la decisión de responder es nuestra. San Agustín nos dio una enseñanza poderosa al escribir que necesitamos: “reconocer nuestra voz en Él y su voz en nosotros” (CIC 2616). Esto no solo se aplica a la oración sino a todo en la vida.

Es cierto que Jesús a veces nos permite trabajar «toda la noche» y «no pescar nada». Pero esto nos lleva a darnos cuenta de que solo a través de su guía lograremos lo que deseamos; e infinitamente más cuando abrimos nuestro corazón para escucharlo (Lucas 5, 1-11).

Si vamos a volar alto necesitamos el viento del Espíritu Santo, el aliento de Dios que nos transforma y nos eleva (Juan 20, 22). ¿No fue el viento del Espíritu Santo el que descendió sobre los temerosos discípulos en el aposento alto en Pentecostés, transformándolos en predicadores y testigos de Cristo llenos de fe e intrépidos (Hechos 1-2)?

Buscando con todo el corazón

Es esencial reconocer que la fe es un don al que debemos aferrarnos (1 Corintios 12, 4-11); de lo contrario, podríamos enredarnos en situaciones difíciles en el mundo, de las que podría ser imposible liberarnos sin su gracia. Debemos continuar esforzándonos para alcanzar mayores alturas a través del poder del Espíritu Santo, para «buscar al Señor y vivir» (Amós 5, 4, 6). San Pablo nos exhorta a «alegrarnos siempre, orar constantemente, dar gracias en toda circunstancia; porque esta es la voluntad de Dios para nosotros en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5,16-18).

Por lo tanto, el llamado es para que cada creyente entre más profundamente en la oración creando el espacio para el silencio, eliminando todas las distracciones y bloqueos, y luego permitiendo que el viento del Espíritu Santo realmente sople y se mueva en nuestras vidas. Dios mismo nos invita a este encuentro con la promesa de que Él responderá: «Clama a mí, y yo te responderé y te revelaré grandes cosas y secretas que tú desconoces» (Jeremías 33, 3).

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By: Sean Booth

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Jun 05, 2024
Encuentro Jun 05, 2024

Un murmullo repetido que viene de arriba, numerosos intentos fallidos… ¡Todos solucionados por una historia infantil!

Existe un maravilloso cuento de Hans Christian Andersen, titulado “El inquebrantable soldadito de plomo”, en el cual encontré un gran placer al leerlo para mi hija, mientras que ella disfrutó grandemente al escucharlo. La breve existencia de este soldadito de plomo de una sola pierna está marcada por enfrentar problema tras problema. Desde lograr salir adelante de una caída de muchos pisos de altura, hasta casi ahogarse al ser tragado por un pez llamado Jonah, este luchador discapacitado llegó a entender el sufrimiento rápidamente. Sin embargo, y a pesar de todo, él no tuvo dudas, ni titubió ni se inmutó. ¡Oh, quién fuera como el soldadito de plomo!

Descubriendo la razón.

Los literalistas y pesimistas podrían atribuir su firmeza al hecho de que está fabricado en plomo. Aquellos quienes aprecian las metáforas dirán que es porque él tiene un profundo conocimiento de su propia identidad. Él es un soldado y los soldados no permiten que el miedo o algo más, los desvíe de su rumbo. Las pruebas deslavaron al soldado de plomo, pero el permaneció inamovible. En ocasiones admitió que, si no fuera un soldado haría tal o cual cosa, como derramar lágrimas por lo que no hizo; pero eso no iría de acuerdo con quien él era. Al final, él quedó atrapado en una estufa donde, recordando a Santa Juana de Arco, resultó envuelto en llamas. Sus restos fueron encontrados más tarde por una sirvienta, reducido a (aunque uno podría decir, transformado en) la perfecta forma de un corazón de plomo. ¡Así es, las llamas que él tan resueltamente resistió, lo moldearon en Amor!

¿Será que todo lo que se requiere para ser firme es el conocer la propia identidad? Entonces, la pregunta es: ¿Cuál es nuestra identidad? Yo soy, y tú eres también, una hija o hijo del Rey del Universo. Si tan solo lo supiéramos y nunca dejáramos de reclamar esta identidad, también nosotros podríamos permanecer firmes en el camino necesario para llegar a ser como el Amor mismo. Si pasáramos nuestros días sabiendo que somos princesas y príncipes vagabundeando por el castillo de nuestro Padre, ¿a qué temeríamos? ¿Qué nos haría temblar, retroceder o desmoronarnos? Ni las caídas, inundaciones o llamas nos harían apartarnos del camino hacia la santidad que ha sido presentado ante nosotros de forma tan amorosa. Somos hijos amados de Dios, destinados a ser santos, con tan solo mantener el rumbo. Las pruebas se convertirán en alegrías, porque no nos sacarán de nuestro camino; si las soportamos bien, ¡al final nos transformarán en lo que anhelamos ser! Nuestra esperanza y alegría puede permanecer para siempre; pues aun cuando todo lo que nos rodeara fuera dificultad, todavía somos amados, elegidos y creados para estar con el Padre Celestial por toda la eternidad.

¡Sufrimiento en alegría!

Cuando el Ángel Gabriel, en su misión de recibir la fe de María, se da cuenta de su temor, él le dice: “No temas, has encontrado gracia delante de Dios” (Lucas 1, 30) ¡Qué noticia tan gloriosa! ¡Y qué glorioso es que también nosotros hemos encontrado gracia delante de Dios! Él nos creó, nos ama y desea que estemos con Él siempre. Así que, a imitación de María necesitamos no tener miedo, sin importar qué dificultad se atraviese en nuestro camino. María aceptó firmemente todo lo que se presentó en su camino, sabiendo que la Providencia de Dios es perfecta y que la salvación de toda la humanidad estaba ya a la mano. Ella se paró a los pies de la cruz en los momentos de mayor sufrimiento y permaneció ahí. Al final, aunque el corazón de María fue traspasado por muchas espadas, fue asunta al cielo y coronada Reina del cielo y de la tierra, para estar con el Amor para siempre. Su firme y amorosa resistencia a través del sufrimiento allanaron el camino hacia su reinado.

Sí, el dolor de La Pietà se convirtió en la gloria de la Asunción. El martirio de tantos hombres y mujeres santos los convirtió en parte de la hueste celestial que alaba al Señor por siempre. Como nuestra Madre y los santos, nosotros debemos aceptar la gracia de permanecer firmes, de mantenernos erguidos en medio del dolor, de las llamas y todas las demás circunstancias que intentan desviarnos de los brazos abiertos del Señor. Que estemos firmemente arraigados en nuestra identidad de hijos, hechos a imagen del Padre. Que nosotros, como escribió una vez el renombrado poeta Tennyson: “¡Seamos fuertes en la voluntad de esforzarnos, buscar, encontrar y no ceder!”. Que, después de todo, seamos como el Amor.

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By: Molly Farinholt

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Jun 05, 2024
Encuentro Jun 05, 2024

A través de los valles más oscuros y las noches más duras, Belinda escuchó una voz que seguía llamándola.

Mi madre nos abandonó cuando yo tenía alrededor de once años. En ese momento pensé que se había ido porque no me quería. Pero, de hecho, después de años de sufrir en silencio el abuso conyugal, ella no pudo aguantar más. Por mucho que hubiera querido salvarnos, mi padre la había amenazado con matarla si nos llevaba con ella. Era demasiado para asimilarlo a una edad tan temprana y, mientras me esforzaba por superar ese difícil momento, mi padre comenzó un ciclo de abuso contra mí que me perseguiría durante años.

Valles y colinas

Para adormecer el dolor del abuso de mi padre y compensar la soledad del abandono de mi madre, comencé a recurrir a todo tipo de mecanismos para aliviar mi sufrimiento. Y en el momento que ya no pude soportar el abuso, me escapé con Carlos, mi novio de la escuela. Durante ese tiempo reconecté con mi madre, y viví con ella y su nuevo esposo por un tiempo.

A los 17 me casé con Carlos. Su familia tenía un historial de encarcelamiento y él pronto cayó en lo mismo. Seguí saliendo con el mismo grupo de personas y, finalmente, yo también caí en el crimen. A los 19 años me sentenciaron a prisión por primera vez: cinco años por agresión agravada.

En prisión me sentí más sola que nunca en mi vida. Todos los que se suponía que debían amarme y cuidarme me habían abandonado, usado y abusado de mí. Recuerdo haberme dado por vencida; incluso intenté acabar con mi vida. Durante mucho tiempo seguí cayendo en espiral hasta que conocí a Sharon y Joyce, que habían entregado sus vidas al Señor. Aunque no tenía idea de quién era Jesús, pensé en intentarlo ya que no tenía nada más. Allí, atrapada entre esos muros, comencé una nueva vida con Cristo.

Caer, levantarse, aprender…

Aproximadamente un año y medio después de mi sentencia, intenté obtener la libertad condicional; de alguna manera, en mi corazón solo sabía que iba a obtener la libertad condicional porque había estado viviendo para Jesús. Sentí que estaba haciendo todo lo correcto; así que cuando llegó la negativa después de un año de haber iniciado, simplemente no lo entendí. Empecé a cuestionar a Dios y estaba bastante enojada.

Fue en ese momento que me transfirieron a otro centro penitenciario. Al final de los servicios religiosos, cuando el capellán se acercó para estrechar mi mano, me estremecí y me retiré. Él era un hombre lleno del Espíritu, y el Espíritu Santo le había mostrado que yo había sido herida. A la mañana siguiente pidió verme. Allí, en su oficina, mientras me preguntaba qué me había pasado y cuánto estaba sufriendo, me abrí y compartí por primera vez en mi vida.

Finalmente, fuera de prisión y en rehabilitación comencé a trabajar, y poco a poco, fui estableciendo una nueva vida; fue en ese momento cuando conocí a Steven. Empecé a salir con él y quedé embarazada. Recuerdo haber estado emocionada. Como él quería hacer bien las cosas, nos casamos y formamos una familia. Eso marcó el comienzo de lo que probablemente fueron los peores 17 años de mi vida, marcados por su abuso físico, infidelidad y la continua influencia de las drogas y el crimen.

Nunca fui una criminal

Nunca pude ser una criminal por mucho tiempo; Dios simplemente hacía que me arrestaran y trataba de ponerme nuevamente en el camino. A pesar de sus repetidos esfuerzos, yo no vivía para Él. Siempre mantuve a Dios a raya, aunque sabía que Él estaba allí. Después de una serie de arrestos y liberaciones, finalmente regresé a casa permanentemente en 1996. Volví a estar en contacto con la Iglesia, y finalmente comencé a construir una relación verdadera y sincera con Jesús. La Iglesia poco a poco se convirtió en mi vida; realmente nunca antes había tenido ese tipo de relación con Jesús.

Comencé a experimentar una mayor hambre de Dios, y entendí que no eran las cosas que había hecho por el Señor lo que me mantendría en su camino, sino quien soy yo cuando estoy con Él. Pero, mi verdadera conversión ocurrió en “Puentes para la vida” *

¿Cómo podría no hacerlo?

Aunque no había participado en el programa como delincuente, poder apoyar en esos grupos pequeños fue una bendición que no había anticipado, una bendición que cambiaría mi vida de maneras hermosas. Cuando escuché a otras mujeres y hombres compartir sus historias, algo hizo clic dentro de mí. Me afirmó que no era la única y me animó a asistir una y otra vez. Podría estar muy cansada y agotada por el trabajo, pero una vez que entraba a las prisiones, simplemente me sentía rejuvenecida porque sabía que ahí era donde se suponía que debería estar.

En “Puentes para la vida” se busca aprender a perdonarse a uno mismo. Ayudar a los demás no sólo me ayudó a sentirme completa, sino que también me ayudó a sanar… y todavía me estoy sanando.

Primero, fue mi madre. Tuvo cáncer y la traje a casa; la cuidé hasta que falleció pacíficamente en nuestro hogar. En 2005, el cáncer de mi padre volvió y los médicos estimaron que le quedaban como máximo seis meses. Lo traje a casa también. Todo el mundo me dijo que no aceptara a ese hombre después de lo que me hizo. Les pregunté: “¿cómo podría no hacerlo?” Jesús me perdonó y siento que Dios querría que hiciera esto.

Si hubiera elegido aferrarme al rencor o al odio hacia mis padres por el abandono y el abuso, no sé si ellos habrían entregado sus vidas al Señor. Al mirar hacia atrás en mi vida, veo cómo Jesús siguió persiguiéndome y tratando de ayudarme. Me resistía mucho a experimentar este nuevo sentimiento y era muy fácil quedarme en lo que me era cómodo; pero estoy agradecida con Jesús por haber podido, finalmente, entregarme por completo a Él. Él es mi Salvador, Él es mi roca y Él es mi amigo. Simplemente no puedo imaginar una vida sin Jesús.

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By: Belinda Honey

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Jun 05, 2024
Encuentro Jun 05, 2024

¿Eres rápido para juzgar a los demás? ¿Dudas en ayudar a alguien que lo necesita? Entonces, ¡es hora de reflexionar!

Para mí fue solo un día más. Regresando del mercado, cansado del trabajo del día, recogiendo a Roofus de la escuela de la Sinagoga…

Sin embargo, algo se sintió diferente ese día. El viento susurraba en mi oído e incluso el cielo era más expresivo de lo habitual. La conmoción de una multitud en las calles me confirmó que ese día algo iba a cambiar.

Entonces lo vi: Su cuerpo estaba tan desfigurado que aparté a Roofus de esta terrible visión. El pobre muchacho me agarró del brazo con todas sus fuerzas; estaba aterrorizado.

La forma en que se estaba manejando a este hombre… bueno, lo que quedaba de Él, significaba que había hecho algo terrible.

No podía soportar quedarme de pie y mirar, pero cuando comenzaba a retirarme, un soldado romano me retuvo. Para mi horror, me ordenaron que ayudara a este hombre a soportar su pesada carga. Sabía que esto significaba problemas; pero a pesar de resistirme, me pidieron que lo ayudara.

¡Que desastre! No quería asociarme con un pecador. ¡Qué humillante! ¿Cargar una cruz mientras todos miraban?

Sin embargo, sabía que no había escapatoria; así que pedí a mi vecina Vanessa que llevara a Roofus a casa, porque ese juicio llevaría un tiempo.

Caminé hacia Él, sucio, ensangrentado y desfigurado. Me preguntaba qué había hecho para merecer esto. Sea lo que sea, este castigo fue demasiado cruel.

Los transeúntes gritaban: «¡blasfemo!», «¡mentiroso!» y «¡rey de los judíos!», mientras otros le escupían e insultaban.

Nunca antes me habían humillado y torturado mentalmente de esta manera. Después de dar sólo entre diez y quince pasos con él, cayó al suelo, de cara. Para que esta prueba terminara, Él necesitaba levantarse, así que me incliné para ayudarlo.

Entonces, en sus ojos vi algo que me cambió… ¿Vi compasión y amor? ¿Cómo podría ser esto?

Sin miedo, sin ira, sin odio: sólo amor y compasión. Me quedé desconcertado mientras Él me miraba con esos ojos y me tomaba la mano para volver a levantarme. Ya no podía oír ni ver a las personas que me rodeaban. Mientras sostenía la cruz en un hombro y Él en el otro, sólo podía seguir mirándolo. Vi la sangre, las heridas, los esputos, la suciedad, todo lo que ya no podía ocultar la divinidad de su rostro. Ahora sólo escuchaba los latidos de su corazón y su respiración entrecortada… Él estaba luchando, pero era muy, muy fuerte.

En medio de todo el ruido de la gente gritando, abusando y corriendo, sentí como si Él me estuviera hablando. Todo lo demás que había hecho hasta ese momento, bueno o malo, parecía inútil.

Cuando los soldados romanos lo alejaron de mí para arrastrarlo al lugar de la crucifixión, me empujaron a un lado y caí al suelo. Tuvo que continuar por su cuenta. Me quedé tirado en el suelo mientras la gente me pisoteaba. No sabía qué hacer a continuación; solo entendía que la vida nunca volvería a ser la misma.

Ya no podía oír a la multitud, sólo el silencio y el sonido de los latidos de mi corazón. Me acordé del sonido de su tierno corazón.

Unas horas más tarde, cuando estaba a punto de levantarme para irme, el cielo expresivo de antes empezó a hablar. ¡El suelo debajo de mí tembló! Miré hacia la cima del Calvario y lo vi con los brazos extendidos y la cabeza inclinada, por mí.

Ahora sé que la sangre que salpicó mi manto ese día, pertenecía al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Él me limpió con su sangre.
*** *** ***

Así imagino a Simón de Cirene recordando su experiencia del día en que le pidieron que ayudara a Jesús a llevar la Cruz al Calvario. Probablemente había oído muy poco de Jesús hasta ese día, pero estoy muy seguro de que ya no pudo ser la misma persona después de ayudar al Salvador a cargar esa Cruz.

En este tiempo de Cuaresma, Simón nos pide que miremos dentro de nosotros mismos:

¿Hemos sido demasiado rápidos para juzgar a las personas?

A veces, nos apresuramos a creer lo que nos dicen nuestros instintos sobre alguien. Al igual que Simón, podemos dejar que nuestros juicios interfieran en ayudar a los demás. Simón vio a Jesús siendo azotado y supuso que Él había hecho algo malo. Es posible que haya habido ocasiones en las que permitimos que nuestras presunciones sobre una persona se interpusieran en nuestro camino para amarla como Cristo nos llamó a hacerlo.

¿Dudamos en ayudar a algunas personas?

¿No deberíamos ver a Jesús en los demás y tender la mano para ayudarlos?
Jesús nos pide que amemos no sólo a nuestros amigos sino también a los extraños y enemigos. La Madre Teresa, siendo el ejemplo perfecto de alguien que ama a los extraños, nos mostró cómo ver el rostro de Jesús en todos. ¿Quién mejor que el mismo Jesús podría darnos el ejemplo de cómo amar a los enemigos? Amaba a quienes lo odiaban y oraba por quienes lo perseguían. Como Simón, podemos sentirnos reacios a acercarnos a extraños o enemigos; pero Cristo nos llama a amar a nuestros hermanos y hermanas tal como Él lo hizo. Él murió por sus pecados tanto como murió por los tuyos.

“Señor Jesús, gracias por darnos el ejemplo de Simón de Cirene, quien se convirtió en un gran testigo de cómo hacer las cosas a tu manera. Padre celestial, concédenos la gracia de convertirnos en tus testigos, acercándonos a los necesitados.”

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By: Mishael Devassy

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Jun 05, 2024
Encuentro Jun 05, 2024

Anacleto González Flores nació en México a finales del siglo XIX. Inspirado por un sermón que escuchó en su infancia, hizo de la misa diaria la parte más importante de su vida. Se unió al seminario y sobresalió en lo académico, pero al discernir que no había sido llamado al sacerdocio, más tarde ingresó a la facultad de derecho.

Durante los años de persecución cristiana en México, Anacleto defendió tan heróicamente los derechos fundamentales de los cristianos, que la Santa Sede le concedió la Cruz Pro Ecclesia et Pontifice por sus esfuerzos. A medida que muchos cristianos mexicanos daban valientemente su vida por la fe, él continuaba escribiendo contra las atrocidades, convirtiéndose en un líder prominente de la Guerra Cristera.

En 1927 fue arrestado y cruelmente torturado: lo azotaron, le abrieron los pies con cuchillos y le dislocaron el hombro. Anacleto, imperturbable, se mantuvo firme en su fe y se negó a traicionar a sus fieles compañeros. Cuando lo mataron a tiros, perdonó abiertamente a sus asesinos y murió exclamando: «He trabajado desinteresadamente para defender la causa de Jesucristo y su Iglesia. Pueden matarme, pero deben saber que esta causa no morirá conmigo». Perdonó abiertamente a sus asesinos y murió, exclamando: «Yo muero, pero Dios no muere. ¡Viva Cristo Rey!».

Después de años de vivir una vida santa centrada en la devoción al Santísimo Sacramento y una devoción mariana ejemplar, Flores entregó su vida al Señor con tres de sus fieles compañeros. Este valiente mártir fue beatificado por el Papa Benedicto XVI en 2005 y fue declarado patrono de los laicos mexicanos en 2019.

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By: Shalom Tidings

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Jun 05, 2024
Encuentro Jun 05, 2024

Juzgar a los demás es fácil, pero a menudo nos equivocamos totalmente en nuestro juicio sobre ellos.

Recuerdo a un amigo anciano que solía venir a la misa de los sábados por la noche. Realmente necesitaba un baño y ropa limpia. Francamente olía muy mal. No podríamos culpar a quienes no querían estar expuestos a ese terrible olor. Caminaba dos o tres millas todos los días alrededor de nuestro pequeño pueblo, recogiendo basura, y vivía solo en una choza vieja y destartalada.

Es fácil para nosotros juzgar por las apariencias. ¿No es así? Supongo que es inevitable para el ser humano. No sé cuántas veces mis juicios sobre una persona estuvieron totalmente equivocados. De hecho es bastante difícil, si no imposible, mirar más allá de las apariencias sin la ayuda de Dios.

Este hombre, por ejemplo, a pesar de su extraña personalidad, era muy fiel al participar en misa todas las semanas. Un día, decidí que me sentaría a su lado durante la eucaristía con más frecuencia. Sí, su olor era muy molesto, pero también necesitaba el amor de los demás. Por la gracia de Dios, el hedor no me molestó mucho. Durante la señal de paz, lo miraba a los ojos, sonreía y lo saludaba con un sincero: «La paz de Cristo sea contigo».

Nunca pierdas la oportunidad

Cuando hago juicios sobre una persona, pierdo la oportunidad que Dios quiere darme: La oportunidad de ver más allá de la apariencia física, para mirar dentro del corazón de la persona. Eso es lo que Jesús hizo con cada persona que encontró en su camino, y Él continúa observando más allá de nuestro asco y mirando nuestros corazones.

Recuerdo una vez, hace ya muchos años, cuando decidí regresar a la fe católica, me senté en el estacionamiento de la iglesia tratando de reunir el coraje suficiente para cruzar las puertas y asistir a misa. Tenía mucho miedo de que los demás me juzgaran y no me dieran la bienvenida. Le pedí a Jesús que entrara conmigo. Al entrar a la iglesia fui recibida por el diácono, que me dedicó una gran sonrisa y un abrazo, y me dijo: «Bienvenida». Esa sonrisa y ese abrazo eran lo que necesitaba para sentir que pertenecía y que estaba en casa de nuevo.

Elegir sentarme con aquel anciano maloliente fue mi forma de «devolver el favor». Sabía lo desesperada que estaba por sentirme bienvenida, sentir que pertenecía y que importaba.

No dudemos en darmos la bienvenida unos a otros, especialmente a aquellos con quienes es difícil acercarnos.

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By: Connie Beckman

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Mar 05, 2024
Encuentro Mar 05, 2024

Algo sucede ante la presencia de un bebé; si se presenta a un bebé en una habitación llena de gente, todos querrán verlo; las conversaciones se detendrán, las sonrisas se extenderán por los rostros de las personas, los brazos se abrirán para sostener al niño. Incluso el personaje más duro y cascarrabias de la habitación se sentirá atraído hacia el bebé. Las personas que momentos antes habían estado discutiendo entre sí, estarán arrullando y haciendo muecas graciosas al bebé; los bebés traen paz y alegría… es lo que hacen.

El mensaje central y aun realmente desconcertante de la Navidad es que Dios se convirtió en un bebé; el omnipotente creador del universo, el fundamento de la inteligibilidad del mundo, la fuente de la existencia infinita, la razón por la que hay algo en lugar de nada, se convirtió en un niño demasiado débil incluso para levantar la cabeza; un bebé vulnerable que yace indefenso en un pesebre donde comen los animales. Estoy seguro de que todos los que estaban alrededor del pesebre del Niño Jesús —su Madre, San José, los pastores, los reyes magos— hacían lo que la gente siempre hace con los bebés: sonreían, le arrullaban y hacían ruidos raros. El cuidado y la preocupación por el bienestar de ese bebé los tenía a todos reunidos en torno a Él.

En esto vemos la genialidad divina; durante toda la historia de Israel, Dios se esforzaba por atraer a su pueblo elegido hacia sí mismo y por atraerlo a una comunión más profunda con Él. Todo el propósito de la Torá, los diez mandamientos, las leyes dietéticas descritas en el libro de Levítico, la predicación de los profetas, los pactos con Noé, Moisés y David, y los sacrificios ofrecidos en el templo era simplemente fomentar la amistad con Dios y un mayor amor entre su pueblo. Un tema triste pero constante del Antiguo Testamento es que, a pesar de todos estos esfuerzos e instituciones, Israel permaneció alejado de Dios: la Torá ignorada, los pactos rotos, los mandamientos desobedecidos, el templo corrompido.

Así que, en la plenitud de los tiempos, Dios determinó no intimidarnos ni ordenarnos desde lo alto, sino más bien convertirse en un bebé, porque ¿quién puede resistirse a un bebé? En Navidad, la raza humana ya no miraba hacia arriba para ver el rostro de Dios, sino hacia el rostro de un niño pequeño. Una de mis heroínas espirituales, Santa Teresa de Lisieux, era conocida como «Teresa del niño Jesús»; es muy fácil caer en la romantización de esta designación, pero debemos resistir esa tentación. Al identificarse con el niño Jesús, Teresa se esforzaba sutilmente por sacar de sí mismos a todos los que encontraba, para llevarlos a una actitud de amor.

Una vez que comprendemos esta dinámica esencial de la Navidad, la vida espiritual se abre de una manera fresca. ¿Dónde encontramos al Dios que buscamos? Lo hacemos más claramente en los rostros de los vulnerables, los pobres, los indefensos, los niños. Es relativamente fácil resistirse a las demandas de los ricos, exitosos y autosuficientes; de hecho, es probable que sintamos resentimiento hacia ellos. Pero los humildes, los necesitados, los débiles, ¿cómo podemos apartarnos de ellos? Nos sacan —como lo hace un bebé— de nuestra preocupación por nosotros mismos y nos llevan al espacio del amor verdadero; esta es, sin duda, la razón por la que tantos los santos —Francisco de Asís, Isabel de Hungría, Juan Crisóstomo, la Madre Teresa de Calcuta, por nombrar sólo algunos— se sintieron atraídos al servicio de los pobres.

Estoy seguro de que la mayoría de los que lean estas palabras se reunirán con sus familias para la celebración de la Navidad; todos estarán allí: mamá y papá, primos, tíos, tal vez abuelos y bisabuelos, algunos amigos que se encuentran lejos de casa; habrá mucha comida, muchas risas, muchas conversaciones animadas, muy probablemente una o dos discusiones políticas. Los extrovertidos se lo pasarán espléndidamente, a los introvertidos les resultará todo un poco más difícil. Estaría dispuesto a apostar que, en la mayoría de estas reuniones, en algún momento, se traerá un bebé a la habitación: el nuevo hijo, nieto, bisnieto, primo, sobrino, lo que sea; ¿podría instarles este año a que estén particularmente atentos a lo que ese bebé les produce a todos, para que se den cuenta del poder magnético que tiene sobre el grupo variado de personas reunidas? Y luego los invito a recordar que la razón por la que se están reuniendo es para celebrar al bebé que es Dios, y, por último, déjense atraer por el peculiar magnetismo de ese divino niño.

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By: Obispo Robert Barron

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Mar 05, 2024
Encuentro Mar 05, 2024

Cortar la maleza puede ser algo tedioso, ¡pero es un gran ejercicio para alma y cuerpo!

Después de muchas excusas para evitar limpiar mi patio trasero, llegó el momento de enfrentar la realidad de que en verdad ya necesitaba ser despejado. Afortunadamente mi esposo estaba de buen humor para ayudarme; así que juntos, pasamos un día completo de nuestras vacaciones de navidad sacando a nuestros invasores.

Lo que no sabía, era que había un propósito divino en este ejercicio. A medida que comencé a romper el crecimiento de la yaka, con las pocas fuerzas que me quedaron de las reuniones navideñas, me llené de mucha alegría, aunque no fue muy divertido al principio.

Confrontación inevitable

Mientras arrancaba diligentemente a mano las malas hierbas, el entrenamiento me llevó a reflexionar sobre mi salud espiritual. ¿Qué tan saludable espiritualmente he sido?

Experimenté un encuentro con Jesús que me cambió la vida, tuve mi bautismo en el espíritu en el año 2000, he tenido muchos privilegios y oportunidades de humildad para convertirme en una mejor persona, a través de la dirección del Espíritu Santo. Hubo muchos momentos de crecimiento que me desafiaron a trabajar más duro, no tratando de perfeccionarme a mí misma (porque no existe tal cosa como la perfección aquí en la tierra); pero sí, poder acercarme más al camino de la santidad en Dios. Ya era posible hacerlo cada día, siempre y cuando me mantuviera intentándolo. Pero ¿realmente he trabajado duro para lograr este objetivo? La pandemia me había distraído de mi enfoque, ya que me sumergí en el miedo, ansiedad, incertidumbre, el dolor y el duelo por los amigos y la comunidad que perdieron a sus seres queridos, trabajos, propiedades y paz.

Durante la renovación de mi jardín me encontré con hierbas malas de varios tipos. Una maleza es «una planta que causa pérdidas económicas o daños ecológicos, crea problemas de salud para los seres humanos o los animales, o es indeseable en el lugar donde crece».

Uno a uno

Estaba la enredadera de campo, perenne y resistente, a la que se le han dado muchos nombres. Google dice que, lamentablemente, la labranza y el cultivo parecen ayudar a la propagación de la enredadera. El mejor control es la intervención temprana. Las plántulas deben eliminarse antes de que se vuelvan perennes. Después de eso, se forman las plagas y el control exitoso se convierte en una tarea difícil.

“Señor, ¿qué hay en mí que sea como la enredadera? ¿Orgullo, lujuria, mentiras, ofensa, arrogancia o prejuicio?”

Luego está la curandera, una hierba perenne rastrera y persistente que se reproduce por semillas. Sus rizomas largos, articulados y de color pajizo forman una densa estera en el suelo, de la que también pueden surgir nuevos brotes. Se nos recomienda desenterrar esta hierba de rápido crecimiento tan pronto como la veamos en nuestros jardines, asegurándonos de desenterrar toda la planta (incluidas las raíces) y desecharla en nuestro contenedor de basura en lugar de hacerlo en la pila de abono, ya que probablemente ¡seguirá creciendo allí!

“Señor, ¿cuál es mi curandera? ¿Chismes, envidia, malicia, celos, materialismo o pereza?”

La siguiente hierba verdaderamente me disgusta. El cardo canadiense es una maleza perenne agresiva y rastrera de Eurasia. Infesta cultivos, pastos, orillas de zanjas y bordes de carreteras. Si enraíza, los expertos dicen que el mejor control es estresar a la planta obligándola a utilizar los nutrientes almacenados en las raíces. Sin embargo, lo creas o no, ¡esta hierba es comestible!

“Señor, ¿cuál es mi cardo canadiense? ¿Cuáles son los pecados que al final puedo transformar en buenos frutos? ¿Estrés, preocupación, ansiedad, control, exceso de confianza o autosuficiencia?”

Los coquillos son malezas perennes que superficialmente se parecen a los pastos, pero son más gruesas, rígidas y tienen forma de V. La presencia del coquillo a menudo indica que el drenaje del suelo es deficiente o está anegado. Sin embargo, una vez establecido, es muy difícil de controlar.

“Señor, ¿cuáles son mis coquillos?, ¿los hábitos que me muestran que es tiempo de prepararme mejor? ¿La falta de oración, pereza para estudiar tu Palabra, tibieza para compartir la Buena Nueva, falta de compasión y empatía, impaciencia, irritabilidad o falta de gratitud?

Luego, está el plátano alforfón de bajo crecimiento. Con una raíz de pivote larga puede volverse tolerante a la sequía y es difícil de quitar con la mano. Para eliminar esta maleza es necesario arrancar las plantas jóvenes y destruirlas antes de que produzcan semillas. Como último recurso, varios herbicidas son eficaces.

Señor, ¿cuál es mi plátano alforfón, de esos que echan raíces y se niegan a irse cuanto más tiempo se quedan? ¿Conductas adictivas, egoísmo, glotonería, vanidad, endeudamiento o tendencias depresivas y opresivas?

Ah, y éste: ¡no aprendamos a amarlo! —El diente de león con sus cabezas de color amarillo brillante en primavera. Proporcionan una importante fuente de alimento para las abejas a principios de año. Pero con el tiempo, también se apoderarán de tu jardín. Tienen todas las características de la maleza. Quitar los dientes de león tirando a mano o con azadón suele ser inútil a menos que se haga repetidamente durante un largo período de tiempo, debido a su profundo sistema de raíces en forma de pivotes.

“Señor, ¿cuál es mi diente de león?, ¿las raíces entrelazadas que representan los nuevos problemas?, ¿el narcisismo, el pasar demasiado tiempo en las redes sociales, juegos y videos, pensamientos negativos, demasiadas excusas, juegos de culpas, procrastinar o complacer a las personas?”

¿No es doloroso podar?

De hecho, las «malas hierbas» no son intrínsecamente malas. Muchas malezas estabilizan el suelo y agregan materia orgánica. Algunas son comestibles y proporcionan un hábitat y alimento para la vida silvestre. Conocer sobre esto me ha dado mucha esperanza: ahora sé que puedo usar y transformar mis debilidades, malos hábitos, pecaminosidad arraigada y limitaciones, en algo bueno, dándoles un buen uso, pidiendo al Señor su ayuda y sanación, y volverme completamente dependiente de Él para ser podada y usada según su voluntad y para sus propósitos. Sé que el cambio es difícil y que algunos cambios esenciales solo se pueden realizar con la ayuda de Dios.

Si buscamos sinceramente a Dios y pedimos la ayuda del Espíritu Santo que viene a darnos el auxilio prometido, Él conoce las luchas que enfrentamos y nos animará a acudir a Él en busca de la ayuda adicional que necesitamos (Mateo 7,7-8; Hebreos 4,15- 16; 1 Pedro 5,6-7). Dios no hace todo el trabajo por nosotros, pero sí ofrece ayuda para hacernos más eficaces.

Cada día es una oportunidad para comenzar este proceso de regeneración, rejuvenecimiento y renovación. Tomémoslo como un reto y un momento de gratitud. Despojarnos del hombre viejo que pertenece a nuestra antigua manera de vivir y que está corrompido por los deseos engañosos, renovar el espíritu de nuestra mente, y revestirnos del nuevo hombre (Efesios 4,22-22).

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By: Emmanuel

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Mar 05, 2024
Encuentro Mar 05, 2024

P – ¿Por qué Jesucristo tuvo que morir por nosotros? Parece cruel que el Padre requiera la muerte de su único Hijo para salvarnos. ¿No había otra manera?

R – Sabemos que la muerte de Jesús nos alcanzó el perdón por nuestros pecados, pero ¿era esto necesario?, y ¿cómo logró nuestra salvación?

Considera esto: si un estudiante en la escuela golpeara a su compañero de clase, la consecuencia natural sería un cierto castigo, tal vez la detención, o tal vez la suspensión; pero si ese mismo estudiante golpeara a un maestro, el castigo sería más severo, tal vez sería expulsado de la escuela. Y si ese mismo estudiante le diera un puñetazo al presidente, probablemente terminaría en la cárcel. Dependiendo de la dignidad de la persona a quien se ofenda, la consecuencia podría ser mayor.

¿Cuál sería entonces la consecuencia de ofender al Dios santo y amoroso? Aquel que te creó a ti y a las estrellas merece nada menos que la adoración de toda la creación. Cuando lo ofendemos, ¿cuál es la consecuencia natural?: Muerte y destrucción eternas, sufrimiento y alejamiento de Él; por lo tanto, teníamos con Dios una gran deuda, una deuda de muerte; pero no podíamos pagarla porque Él es infinitamente bueno; nuestra transgresión causó un abismo infinito entre nosotros y Él. Necesitábamos a alguien infinito y perfecto, pero también humano (ya que tendría que morir para saldar la deuda).

Solo Jesucristo encaja en esta descripción; al vernos abandonados en una deuda impagable que nos llevaría a la condenación eterna, por su gran amor, se hizo hombre precisamente para poder pagar nuestra deuda. El gran teólogo San Anselmo escribió todo un tratado titulado: ¿Cur Deus Homo? (¿Por qué Dios se hizo hombre?), y concluyó que Dios se hizo hombre para poder pagar la deuda que teníamos pero que no podíamos pagar, para reconciliarnos con Dios en una persona: Él mismo, ya que Cristo es la unión perfecta entre Dios y la humanidad.

Considera esto también: si Dios es la fuente de toda vida, y el pecado significa que le damos la espalda a Dios, entonces ¿qué estamos eligiendo?: La muerte; de hecho, San Pablo dice que «la paga del pecado es la muerte» (Romanos 6, 23). El pecado produce la muerte de toda la persona; podemos observar que la lujuria puede conducir a enfermedades de transmisión sexual y corazones rotos, sabemos que la gula puede conducir a un estilo de vida poco saludable, la envidia conduce a la insatisfacción con los dones que Dios nos ha dado, la codicia puede hacer que trabajemos en exceso y autocomplacernos, y el orgullo puede romper nuestras relaciones interpersonales y con Dios. El pecado, entonces, ¡es verdaderamente mortal!

Se necesita una muerte, entonces, para devolvernos la vida. Una antigua homilía del sábado santo nos esclarece esto desde la perspectiva de Jesús: «Mira la saliva en mi rostro, para restaurarte esa primera inspiración divina en la creación; mira los golpes en mis mejillas, que acepté para remodelar tu forma distorsionada a mi propia imagen; mira la flagelación de mi espalda, que acepté para dispersar la carga de tus pecados que fue puesta sobre tu espalda; mira mis manos clavadas en un árbol, lo hice para ti que extendiste tu mano hacia el árbol por las intrigas de un malvado».

Finalmente, creo que su muerte fue necesaria para mostrarnos las profundidades de su amor; si Él simplemente se hubiera pinchado el dedo y derramado una sola gota de su preciosa sangre (lo que habría sido suficiente para salvarnos), pensaríamos que Él no nos amó tanto; pero, como dijo el Santo Padre Pío: «La prueba del amor es sufrir por quien amas». Cuando contemplamos los increíbles sufrimientos que Jesús soportó por nosotros, no podemos dudar ni por un momento de que Dios nos ama, Dios nos ama tanto que prefirió morir antes que pasar la eternidad sin nosotros.

Además, su sufrimiento nos da consuelo y fortaleza en nuestro sufrimiento; no hay agonía ni dolor que podamos soportar por el que Él no haya pasado ya. ¿Tienes dolor físico? Él también. ¿Tienes dolor de cabeza? Su cabeza estaba coronada de espinas. ¿Te sientes solo y abandonado? Todos sus amigos lo dejaron y lo negaron. ¿Te da vergüenza? Lo desnudaron para que todos se burlaran. ¿Luchas contra la ansiedad y los miedos? Estaba tan ansioso que sudó sangre en el jardín. ¿Has sido tan herido por otros que no puedes perdonar? Le pidió a su padre que perdonara a los hombres que le clavaban los clavos en las manos. ¿Sientes que Dios te ha abandonado? Jesús mismo exclamó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»

Así que nunca podemos decir: «¡Dios, no sabes por lo que estoy pasando!» Porque Él siempre puede responder: «Sí, lo sé, mi amado hijo, he estado allí, y estoy sufriendo contigo en este momento».

Qué consuelo saber que la cruz ha acercado a Dios a los que sufren, que nos ha mostrado las profundidades del amor infinito de Dios por nosotros y los grandes esfuerzos que Él es capaz de hacer para rescatarnos, y que ha pagado la deuda de nuestros pecados para que podamos estar delante de Él ¡perdonados y redimidos!

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By: EL PADRE JOSEPH GILL

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Mar 05, 2024
Encuentro Mar 05, 2024

La vida nos golpea a todos, pero ¿alguna vez te has preguntado cómo es posible que algunas personas  nunca son derrotadas?

Para todos los expatriados que trabajan en Arabia Saudita, las vacaciones anuales son lo más esperado y relevante del año; yo también podría decir que esperaba con ansias mi viaje de regreso a la India, el cual siempre tenía lugar en Navidad.

Quedaban pocas semanas para el viaje cuando recibí un correo electrónico de mi familia; Nancy, una amiga íntima nuestra, les había llamado para decirles que Jesús estaba pidiendo oraciones especiales para mis vacaciones. Por supuesto, lo agregué a mi lista diaria de oración.

No sucedió nada memorable durante la mayor parte de mi estadía, las semanas en casa pasaron rápido; llegó la Navidad y se celebró con el entusiasmo de siempre. Después de un mes y medio de días llenos de diversión, mis días de vacaciones casi habían terminado, no había ocurrido nada extraordinario, y el mensaje quedó en el olvido.

Un duro golpe

Dos días antes de mi viaje de regreso, decidí comenzar a hacer las maletas; el primer objeto de la lista fue mi pasaporte, ¡no pude localizarlo por ningún lado! Entonces recordé que lo había llevado a la agencia de viajes esa mañana para confirmar mi vuelo, y todavía estaba en el bolsillo de los jeans que me había puesto; sin embargo, unos momentos antes, boté los pantalones en el cesto de la ropa sucia sin siquiera revisar los bolsillos.

Corrí a la lavadora y abrí la tapa: los jeans estaban dando vueltas; los saqué lo más rápido que pude y metí la mano en el bolsillo delantero; un sentimiento de pavor se apoderó de mí cuando saqué el pasaporte mojado.

Los sellos oficiales de la mayoría de las páginas interiores estaban dañados, algunos de los sellos de viaje fueron desplazados y, lo más preocupante fue que la tinta del visado de entrada a Arabia Saudíta también estaba corrida. No tenía ninguna idea de qué hacer, la única opción era solicitar un nuevo pasaporte e intentar obtener un nuevo visado de entrada a mi llegada a la capital; sin embargo, no me quedaba suficiente tiempo para esto, mi trabajo estaba en riesgo.

Mi batallón al rescate

Abrí el pasaporte en mi cama y encendí el ventilador de techo, con la esperanza de secarlo; le conté al resto de mi familia lo que había pasado. Como de costumbre, nos reunimos en oración, le confiamos la situación a Jesús y le pedimos que nos guiara. También llamé a Nancy para contarle el percance; ella también comenzó a orar por nosotros; no había nada más que pudiéramos hacer.

Más tarde esa noche, Nancy me llamó para decirme que Jesús le había dicho que ¡un ángel me llevaría a Riad! Dos días después, encontrando fuerzas en la oración, me despedí de mi familia, documenté mi equipaje y abordé mi primer vuelo.

En el aeropuerto de Mumbai donde cambié de vuelo, me uní a la fila para el despacho de inmigración en la terminal internacional. Sintiéndome un poco ansioso, esperé con mi pasaporte abierto; afortunadamente, el oficial apenas miró hacia abajo antes de sellar distraídamente la página y despedirme.

Lleno de la gracia divina, me sentí en paz. Después de que el vuelo aterrizó en Arabia Saudita, seguí orando mientras recogía mi equipaje y me unía a una de las largas filas en el puesto de control de inmigración; la fila se movía lentamente mientras el oficial examinaba cuidadosamente cada pasaporte antes de sellarlo con una visa de entrada; finalmente, me tocó a mí, con mi pasaporte abierto en la página correspondiente, caminé hacia él; en ese mismo momento, otro oficial se acercó y comenzó una conversación con él; mientras estaba inmerso en la discusión, el oficial de inmigración selló mi pasaporte con la visa de entrada, apenas mirando las páginas.

Estaba de vuelta en Riad, gracias a mi ángel de la guarda que me había «guiado a través del fuego» en el momento justo.

Guardián: entonces, ahora y siempre

Sin duda, el viaje impulsó mi relación con mi ángel de la guarda; sin embargo, Jesús subrayó otra lección para mí: estoy siendo guiado por un Dios vivo que prevé cada obstáculo en mi camino; tomado de su mano, escuchando sus instrucciones y obedeciéndolas, puedo sortear cualquier dificultad. «Cuando te vuelvas a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán una palabra detrás de ti que dice: «Este es el camino, ve por él»» (Isaías 30, 21).

Si Nancy no hubiera estado escuchando la voz de Dios, y si no hubiéramos estado orando como se me había indicado, mi vida podría haberse desviado del camino; desde entonces, cada Navidad es un cariñoso recordatorio de la providencia y el abrazo protector de Dios.

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By: Zacharias Antony Njavally

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