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Ene 25, 2023
Contratar Ene 25, 2023

La semana pasada tuve la alegría de hablar el Día de la Juventud, en el Congreso de Educación Religiosa de Los Ángeles. Mi audiencia era alrededor de cuatrocientos estudiantes de secundaria de todo el país; y mi tema, a petición de los organizadores del congreso, era la relación entre religión y ciencia. Sabían, como he estado argumentando durante años, que una de las principales razones por las que muchos jóvenes se están desafiliando de nuestra Iglesia es el supuesto conflicto entre la ciencia y la fe. Le dije a mi joven audiencia que esta «guerra» es de hecho una fantasía, una ilusión, el fruto de un trágico malentendido. E intenté mostrar esto analizando cuatro temas, que resumiré brevemente en este artículo.

Primero, en un sentido muy real, las ciencias físicas modernas provienen de la religión. Los grandes fundadores de la ciencia —Kepler, Copérnico, Galileo, Newton, Descartes, etc.— fueron, sin excepción, formados en escuelas y universidades patrocinadas eclesialmente. Fue bajo la tutela de la Iglesia que aprendieron la física, astronomía y matemáticas que desarrollaron. Más específicamente, aprendieron en esas instituciones dos verdades esencialmente teológicas, necesarias para el surgimiento de las ciencias experimentales; a saber, que el universo no es Dios y que el universo, en cada rincón y grieta, está marcado por la inteligibilidad. Si la naturaleza fuera divina, como de hecho es considerada por muchas religiones, filosofías y misticismos, entonces nunca podría ser materia apta para la observación, el análisis y la experimentación. Y si la naturaleza fuera simplemente caótica, vacía de forma, nunca revelaría las armonías y las inteligibilidades modeladas que los científicos buscan de buen grado. Cuando se obtienen estas dos verdades, las cuales están en función de la doctrina de la creación, las ciencias pueden ponerse en marcha.

En segundo lugar, podemos ver que cuando la ciencia y la teología se entienden correctamente, no están en conflicto; esto debido a que no están compitiendo por la primacía en el mismo campo de juego, como equipos de fútbol opuestos. Utilizando el método científico, las ciencias físicas estudian eventos, objetos, dinámicas y relaciones humanas dentro del orden empíricamente verificable. La teología, empleando un método completamente diferente, estudia sobre Dios y las cosas de Dios; y Dios no es un objeto en el mundo, no es una realidad circunscrita dentro del contexto de la naturaleza. Como dijo Tomás de Aquino, Dios no es ens summum (ser más elevado), más bien es ipsum esse (el acto de ser como tal); es decir, Dios no es un ser entre los seres, sino la razón por la que de hecho hay un universo empíricamente observable. En este sentido, Dios es como el autor de una novela enriquecida y compleja. Charles Dickens nunca aparece como personaje en alguna de sus extensas narrativas; aún así, él es la razón por la que cualquiera de esos personajes existe. En consecuencia, las ciencias, como tales, no pueden adjudicarse la resolución de los cuestionamientos sobre la existencia de Dios ni hablar sobre su actividad o atributos. Se requiere otro tipo de racionalidad, que no compita con el razonamiento científico, para la determinación de esos asuntos.

Y esto me lleva a mi tercer punto: el cientificismo no es ciencia. Tristemente desenfrenado hoy en día, especialmente entre los jóvenes, el cientificismo es la reducción de todo el conocimiento a la forma científica del conocimiento. El innegable éxito de las ciencias físicas y la extraordinaria utilidad de las tecnologías a las que han dado lugar, han producido en la mente de muchos esta convicción, pero esto representa un trágico empobrecimiento. Un químico podría decirnos la composición química de las pinturas que Miguel Ángel usó en el techo de la Capilla Sixtina, pero no podría, como científico, decirnos nada sobre lo que hizo de esa obra de arte algo tan hermoso. Un geólogo podría hablarnos sobre la estratificación de la tierra debajo de la ciudad de Chicago, pero jamás podría explicarnos como científico si esa ciudad está siendo gobernada justa o injustamente. No hay rastro del método científico en Romeo y Julieta, pero ¿quién sería tan ingenuo como para afirmar que esa obra no nos habla sobre la verdadera naturaleza del amor? De manera similar, los grandes textos de la Biblia y la tradición teológica no son «científicos»; sin embargo, nos hablan de las verdades más profundas sobre Dios, creación, pecado, redención, gracia, etc. Tanto la causa como el efecto del cientificismo, tristemente, es la atenuación de las artes liberales en nuestras instituciones de educación superior. Hoy en día, en lugar de apreciar la literatura, historia, filosofía y religión como conductos de la verdad objetiva, muchos los relegan a la arena del sentimiento subjetivo o los someten a una crítica ideológica que los hace ver marchitos.

Mi cuarto y último punto es el siguiente: Galileo es un párrafo en un capítulo de un libro muy largo. El gran astrónomo es a menudo invocado como el santo patrón de los científicos heroicos que luchan por liberarse del oscurantismo y la irracionalidad de la religión. La censura de sus libros por parte de la Iglesia, y el virtual encarcelamiento del gran científico a instancias del Papa, se toma como el oscuro paradigma de la relación Iglesia/ciencia. Obviamente, el episodio de Galileo no fue el mejor momento de la Iglesia; de hecho, Juan Pablo II expresando una verdadera contrición, se disculpó explícitamente por ello. Pero usarlo como la lente para observar el juego entre la fe y la ciencia es crucialmente inadecuado. Han existido, desde los primeros días de las ciencias modernas, miles de personas profundamente religiosas involucradas en la investigación y desarrollo científico. Por nombrar solo algunos: Copérnico, cosmólogo revolucionario y dominico de la tercera orden; Nicolás Steno, el padre de la geología y obispo de la Iglesia; Luis Pasteur, uno de los fundadores de la microbiología y un devoto laico católico; Gregorio Mendel, padre de la genética moderna y fraile agustino; Georges Lemaitre, formulador de la teoría del Big Bang sobre el origen del cosmos y sacerdote católico; Mary Kenneth Keller, la primera mujer en los Estados Unidos en recibir un doctorado en ciencias de la computación y hermana religiosa católica. Creo que es justo decir que todas estas personalidades de la ciencia entendieron los puntos fundamentales que he expuesto en este artículo y, por lo tanto, contemplaron que sí podían dedicarse por completo tanto a su ciencia como a su fe.

En conclusión, podría instar especialmente a los científicos católicos de hoy —investigadores, médicos, físicos, astrónomos, químicos, etc.— a hablar con los jóvenes sobre este tema. Díganles por qué la supuesta guerra entre la religión y la ciencia es de hecho una ilusión, y aún más importante, muéstrenles cómo ustedes han reconciliado la ciencia y la religión en su propia vida. Simplemente no podemos permitir que esta tonta justificación para la desafiliación se mantenga.

 

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By: Bishop Robert Barron

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Ene 25, 2023
Contratar Ene 25, 2023

Todos hemos llorado incontables lágrimas a lo largo de nuestra vida. Pero ¿sabías que Dios ha recolectado cada una de ellas?

¿Por qué lloramos? Lloramos porque estamos tristes o hartos. Lloramos porque estamos heridos y solos. Lloramos porque hemos sido traicionados o desilusionados. Lloramos porque nos arrepentimos, nos preguntamos por qué, cómo, dónde, qué. Lloramos porque… bueno, ¡a veces ni siquiera sabemos por qué estamos llorando!  Si alguna vez has cuidado a un bebé, conoces el estrés de tratar de entender por qué el niño está llorando, ¡especialmente después de haberlo alimentado, cambiado, ponerlo a dormir una siesta! A veces solo quieren estar en tus brazos. En ocasiones, del mismo modo nosotros también solo queremos ser sostenidos en el abrazo de Dios, pero somos conscientes de nuestra pecaminosidad que parece distanciarnos de él.

De Los Ojos Al Corazón De Dios

Las escrituras nos dicen que incluso Jesús lloró: «Y Jesús lloró» (Juan 11:35); el versículo más corto del Evangelio abre una ventana al corazón de Jesús.  En Lucas 19: 41-44 aprendemos que Jesús “derramó lágrimas sobre Jerusalén” porque sus habitantes “no reconocieron el tiempo de su visitación». En el libro del Apocalipsis, encontramos que Juan «lloró amargamente« porque no había nadie apto para abrir el pergamino y leerlo (Apocalipsis 5:4). Esta conciencia de la condición humana puede limitar nuestra capacidad de captar la plenitud de la vida que Dios ofrece continuamente a cada uno de nosotros. Apocalipsis 21:4 nos recuerda que “Dios enjugará toda lágrima”; sin embargo, el Salmo 80, 5 dice que el Señor “los ha alimentado con el pan de lágrimas y los ha hecho beber lágrimas en gran medida”. Entonces, ¿cuál de las dos?: ¿Quiere Dios secar las lágrimas y consolarnos, o quiere hacernos llorar?

Jesús lloró porque hay poder en las lágrimas; hay solidaridad en las lágrimas. Porque ama tanto a cada persona que no puede soportar la ceguera que nos impide aceptar las oportunidades que nos da para estar cerca de él, para ser amados por él y experimentar su gran misericordia.  Jesús se sintió abrumado por la compasión cuando vio a Marta y María sufrir la pérdida de su hermano Lázaro.  Pero sus lágrimas también pueden haber sido una respuesta a la profunda herida del pecado que causa la muerte. La muerte ha consumido la creación de Dios desde el tiempo de Adán y Eva. Sí, Jesús lloró… por Lázaro y por sus hermanas. Sin embargo, durante esta dolorosa experiencia, Jesús realiza uno de sus mayores milagros: «¡Sal!», dice, y su buen amigo Lázaro sale de la tumba.  El amor siempre tiene la última palabra.

Otra hermosa Palabra que habla sobre las lágrimas y ofrece una imagen que atesoro, se encuentra en el Salmo 56:9: «Tú has tomado en cuenta mi vida errante; pon mis lágrimas en tu frasco; ¿acaso no están en tu libro?» Nos llena de humildad y consuelo pensar que el Señor recoge nuestras lágrimas. Son preciosas para el Padre; pueden ser una ofrenda a nuestro Dios misericordioso.

Oraciones Sin Palabras

Las lágrimas pueden sanar el corazón, limpiar el alma y acercarnos a Dios.  En su gran obra maestra, “El Diálogo”, Santa Catalina de Siena dedicó un capítulo entero al significado espiritual de las lágrimas.  Para ella, las lágrimas expresan «una sensibilidad exquisita, profunda, una capacidad de conmoción y de ternura”.  En su libro, “Discerniendo corazones”, el Dr. Anthony Lilles dice que Santa Catalina «presenta esos afectos santos como la única respuesta adecuada al gran amor revelado en Cristo crucificado. Estas lágrimas nos alejan del pecado y nos llevan al corazón mismo de Dios».  Recordemos a la mujer que ungió los pies de Jesús con precioso nardo, los lavó con sus lágrimas y los secó con su cabello. Su dolor es real, pero también lo es su experiencia de ser infinitamente amada.

Nuestras lágrimas nos recuerdan que necesitamos a Dios y a los demás caminando con nosotros al peregrinar en la vida. Las situaciones de la vida pueden hacernos llorar, pero a veces esas lágrimas pueden regar las semillas de nuestra felicidad futura. Charles Dickens nos recordó que «nunca debemos avergonzarnos de nuestras lágrimas, porque son lluvia sobre el polvo cegador de la tierra, que cubre nuestros duros corazones«.  A veces, las lágrimas son el único puente para que lleguemos a Dios, para pasar de la muerte a la vida, de la crucifixión a la resurrección.  Cuando Jesús se encontró con María Magdalena el día de la resurrección, le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras?»  Pero pronto, él transformó sus lágrimas en una explosión de alegría pascual al mandarla a ser la primera persona en llevar el mensaje de su resurrección.

A medida que continuemos nuestro peregrinaje, a veces luchando por comprender la locura de la Cruz, podremos llorar por aquellas cosas que hacen llorar a Jesús: guerra, enfermedades, pobreza, injusticia, terrorismo, violencia, odio, por cualquier cosa que menosprecie a nuestros hermanos y hermanas. Lloramos con ellos; lloramos por ellos. Y cuando las lágrimas se precipiten sobre nosotros en los momentos más inesperados, podremos descansar en la paz de saber que nuestro Dios tomará en sus manos cada lágrima con gentileza y cuidado.  Él conoce cada lágrima y sabe qué la causó. Él las recoge y las mezcla con las lágrimas divinas de su Hijo. ¡Un día, unidos a Cristo, nuestras lágrimas serán lágrimas de alegría!

 

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By: Sister M. Louise O’Rourke

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Ene 25, 2023
Contratar Ene 25, 2023

Algunas veces las pequeñas cosas de la vida nos pueden enseñar valiosas lecciones.

Recientemente una amiga compartió una historia interesante. Ella y su esposo estaban manejando en una incómoda y calurosa tarde, por lo que decidieron encender el aire acondicionado que no habían utilizado en todo el invierno. Inmediatamente un hedor horrible llenó el auto. Era tan desagradable que mi amiga empezó a sentir náuseas. Apenas pudo decir a su esposo: “¡Rápido, apágalo, huele como que algo murió aquí!”. Él apagó el aire acondicionado y abrió las ventanas para eliminar el mal olor.

Al llegar a casa, su esposo comenzó a investigar. Empezó buscando en el filtro del aire y eso fue suficiente; allí encontró a un ratón acurrucado, muerto. Debido a que el ratón había muerto durante el invierno, el olor no los había molestado hasta que comenzó el deshielo de la primavera. El esposo de mi amiga sacó al ratón junto con su nido y encendió el aire acondicionado hasta que el hedor se fue por completo.

Maneras en las que habla Dios

Una historia así me hace pensar en las parábolas. En los evangelios, Jesús acostumbraba a usar ejemplos del día a día para enseñarle a la gente cómo vivir y cómo revelar las verdades sobre ellos mismos y el Padre. Job 33:14 dice: «Habla Dios una vez, y otra vez, sin que se le haga caso.»

Me esfuerzo en ser una persona que pone atención al Señor; por lo que tengo el hábito de preguntarle: “Señor, ¿estás tratando de enseñarme algo con esto que estoy pasando? ¿Cuál es el mensaje aquí?”

Mientras reflexionaba sobre el ratón escondido en el auto de mis amigos y del hedor que causó, pensé en cómo algunas cosas en nuestra vida permanecen escondidas y de pronto aparecen y se convierten en un problema inesperado. El no querer perdonar o el resentimiento son buenos ejemplos. Estas emociones, como el roedor en descomposición, a menudo permanecen latentes en nosotros sin que nos demos cuenta. Entonces un día se activa un interruptor emocional y el hedor inunda el ambiente. Guardar resentimientos o no perdonar, o cualquier otra emoción negativa puede traer serias consecuencias. Infectan y causan estragos en nuestras mentes, corazones y nuestras relaciones interpersonales. A menos que lidiemos con la fuente, esto nos causará un gran daño.

¿Qué hay dentro?

Entonces, ¿cómo podemos darnos cuenta si existe algún apestoso roedor escondido en nuestros corazones? Un método excelente nos los muestra San Ignacio de Loyola, quien nos aconseja prestar atención a las profundas mociones de nuestra alma; un método que él llama “discernimiento de espíritus”. Así que pregúntate: “¿Qué me agita o inquieta?, ¿qué me llena de alegría, paz y contentamiento?” Para “discernir” espíritus en nuestras vidas, primero debemos reconocer que hay espíritus en nuestras vidas – buenos y malos. Nosotros tenemos tanto un Abogado como un enemigo. Nuestro Abogado, el Espíritu Santo, nos inspira y guía hacía la plenitud y la paz. El enemigo de nuestras almas, Satán, el acusador, es un mentiroso y ladrón que quiere “robar, matar y destruir” (Juan 10:10).

San Ignacio recomienda que pasemos tiempo cada día en reflexión silenciosa para reconocer qué es lo que se mueve en nuestro interior, así como invitar al Señor a ayudarnos a reflexionar y revisar: “¿Estoy ansioso, calmado, feliz, inquieto? ¿Qué está causando estas mociones? ¿Necesito actuar… Perdonar a alguien… Arrepentirme de algo y asistir a la confesión? ¿Necesito dejar de quejarme y ser más agradecido?” Prestar atención con la ayuda de Dios a estas profundas mociones de nuestros corazones, nos facilitará identificar áreas problemáticas que requieren nuestra atención, para que no puedan sorprendernos en el futuro.

Mis amigos tomaron acción sólo después de haberse dado cuenta que algo apestaba. Y al lidiar rápidamente con el problema fueron capaces de disfrutar un aire limpio y fresco en su vehículo por el resto del verano. Si nos tomáramos un tiempo de silencio cada día con el Señor y le pidiéramos que nos revelara lo que está “apagado” en nuestro espíritu, él nos lo mostraría y nos enseñaría cómo manejarlo. Entonces el aire fresco del Espíritu Santo podrá fluir entre nosotros y traer alegría y libertad a nuestras vidas y relaciones interpersonales.

 

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By: Ellen Hogarty

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Ene 25, 2023
Contratar Ene 25, 2023

Pregunta: ¿Por qué los católicos hacen la Señal de la Cruz?  ¿Qué símbolos encontramos detrás de esta señal?

Respuesta: Como católicos, hacemos la Señal de la Cruz varias veces al día. ¿Por qué lo hacemos y qué significa?

Primero debemos considerar cómo hacemos la Señal de la Cruz. En la Iglesia Occidental, usamos la mano abierta que se usa para la bendición (por eso decimos que nos “bendecimos a nosotros mismos”). En el Este, mantienen tres dedos juntos como signo de la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), mientras que los otros dos dedos están unidos como signo de la divinidad y humanidad de Cristo.

Las palabras que decimos confiesan el misterio de la Trinidad. Ten en cuenta que decimos: “En el nombre del Padre…” y no “en los nombres del Padre”. Dios es uno, así que decimos que solo tiene un nombre. Y así continuamos nombrando a las tres personas de la Trinidad. Cada vez que comenzamos una oración reconocemos que el núcleo mismo de nuestra fe es que creemos en un Dios que es tres en uno: tanto unidad como trinidad.

Cuando proclamamos esta confesión de fe en la Trinidad, ¡sellamos la Señal de la Cruz sobre nosotros mismos! Estamos confesando públicamente quienes somos y ¡a quien pertenecemos! La Señal de la Cruz es nuestro rescate; podríamos decir: nuestra “etiqueta de precio”, para recordarnos que hemos sido comprados a precio de sangre en la cruz de Jesús. Así que cuando Satanás viene a tentarnos, hacemos la Señal de la Cruz para mostrarle que ya estamos marcados.

Hay una historia increíble en el libro de Ezequiel, donde un ángel viene a Ezequiel y le anuncia que Dios va a castigar a Israel por su infidelidad; pero todavía quedan algunas personas buenas en Jerusalén, así que el ángel da la vuelta y pone una marca en la frente de aquellos que todavía son fieles a Dios. La marca que les hace es la tau, la última letra del alfabeto hebreo, ¡y se marca como una cruz! Dios tiene misericordia de quienes tienen la marca de la tau, y derriba a quienes no la tienen.

De la misma manera, los que estamos marcados con la Cruz seremos preservados de la justicia de Dios, y en su lugar recibiremos su misericordia. En el antiguo Egipto, Dios hizo que los israelitas marcaran sus puertas con sangre de cordero durante la Pascua, para que fueran salvados del ángel de la muerte. Ahora, al hacer la Señal de la Cruz sobre nuestros cuerpos, invocamos la Sangre del Cordero sobre nosotros para salvarnos del poder de la muerte.

Pero ¿dónde ponemos la Señal de la Cruz? La ponemos en nuestra frente, nuestro corazón, y en nuestros hombros. ¿Por qué? Porque hemos sido puestos en esta tierra para conocer, amar y servir a Dios; así que le pedimos a Cristo que sea el Rey de nuestras mentes, nuestros corazones, (nuestros deseos y todo lo que amamos), y nuestras acciones. Cada aspecto de nuestra vida lo ponemos bajo la Señal de la Cruz para que podamos conocerle, amarle y servirle.

La Señal de la Cruz es una oración increíblemente poderosa. A menudo se usa como preámbulo de una oración, pero tiene un poder inmenso por derecho propio. Durante la persecución de los primeros cristianos, algunos paganos intentaron matar al apóstol San Juan porque su predicación estaba alejando a muchas personas de los dioses paganos, para aceptar el cristianismo. Los paganos invitaron a Juan a cenar y envenenaron su copa; antes de comenzar a comer, Juan dio gracias e hizo la Señal de la Cruz sobre su copa. Inmediatamente una serpiente salió de su copa y Juan pudo escapar sin ser lastimado.

Escucha las palabras de San Juan Vianney: “La Señal de la Cruz es el arma más poderosa contra el diablo. Por lo tanto, la Iglesia desea no solo que la tengamos continuamente en nuestra mente, para recordarnos lo que valen nuestras almas y el precio que pagó Jesucristo; sino que también deberíamos hacerla sobre nosotros mismos en cada momento: al acostarnos, al despertar, por la noche, al levantarnos, al empezar cualquier cosa y, sobre todo, cuando seamos tentados.”

La Señal de la Cruz es una de las oraciones más poderosas que tenemos: Invoca a la Trinidad, nos sella con la Sangre de la Cruz, manda a volar al maligno, y nos recuerda quienes somos. Hagamos esta señal con cuidado, con devoción y hagámosla con frecuencia a lo largo del día. Es el signo exterior que nos recuerda quiénes somos y a quién pertenecemos.

 

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By: EL PADRE JOSEPH GILL

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Ene 25, 2023
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Sabemos que cada uno de nosotros tiene un ángel de la guarda. Pero, ¿con qué frecuencia le pedimos ayuda?

La primera vez que me di cuenta de que mi ángel de la guarda era motivo de gran esperanza, fue cuando me invitaron a impartir tres talleres en una conferencia de escritura cristiana, a varias horas de distancia en coche. Me desperté con una migraña horrible y lloré mientras me preguntaba como podría realizar el viaje. No quería parecer poco profesional cancelando en el último minuto. Lloré porque hay un elemento de vergüenza en tener una enfermedad crónica; sucede que sufro dolores de cabeza por migraña que pueden debilitarme durante casi la mitad de los días de un mes, y no quería admitir lo débil que estaba. Así que recé a mi ángel que me llevara a salvo tanto en la ida como al regreso.

Aun no sé cómo hice el largo viaje. Puse mi CD para rezar el Rosario y después escuché el Evangelio de Juan, pensando en lo hermoso que sería tener a Jesús en mi corazón si muriera. No era que quisiera morir; mis hijos todavía estaban pequeños, mi esposo me echaría de menos y yo estaba amando mi vida de escritora aún más desde que nos habíamos convertido al catolicismo. Quería que todos tuvieran lo que yo tenía: ¡Jesús!

Y ¡ah! Me llegó la revelación: Mi ángel de la guarda no está aquí solo para protegerme de lesiones corporales, sino para asegurarse de que yo llegue al cielo. ¡El cielo!, ése es el objetivo.

Dios nos ama tanto que desde el momento de nuestra concepción nos asigna un ángel para protegernos de todo peligro y guiarnos a nuestro hogar eterno.  Esta conciencia que he tenido desde que era un niña pequeña, todavía me asombra. Cuando era niña, tenía total confianza en la protección de Dios. Pero el sufrimiento estaba tan presente en mi vida que era difícil reconciliar la idea de un Dios omnipotente.  Así que, a los doce años, perdí mi fe y terminé mis invocaciones a mi ángel de la guarda. Pero, sin yo estar consiente, mi ángel continuaba guiándome.

Estoy muy agradecida con mi ángel por protegerme de la muerte cuando estaba en mis veintes; porque si yo hubiera muerto entonces, con mi mente nublada por el pecado, pude haber rechazado la misericordia de Dios y pude haberme ido al infierno. Es por la gracia de Dios, la paciencia y el largo sufrimiento de mi ángel de la guarda, que he podido escuchar sus indicaciones y volver a Dios. Y cuando mis planes se descarrilan, recuerdo orar: “no mi voluntad, sino la tuya, Señor”.

También estoy regresando a ese estado infantil de completa confianza y rendición. Si estoy ansiosa por algo, le pido a mi ángel que se ocupe de la situación. Invoco a los ángeles guardianes de mis hijos cuando estoy a punto de perder la paciencia. También invoco a los ángeles de las personas para las cuales quiero ser un testigo fiel del Señor.  Qué consuelo es recurrir a la ayuda celestial.

Los ángeles de la guarda llevan nuestras oraciones y ofrendas al trono de Dios; ellos vienen con nosotros al santo sacrificio de la misa y si no podemos asistir, como fue el caso de muchos durante la pandemia, podemos pedir a nuestros ángeles que vayan en nuestro lugar para alabar y adorar a nuestro bendito Señor.

Estas criaturas celestiales son un regalo para nosotros; recordemos siempre que están velando por nosotros y quieren que lleguemos al cielo. Cultiva una relación con tu ángel; ellos son un regalo de Dios para cada uno de nosotros.

“¡Querido ángel! Siempre a mi lado. Cuán amoroso debes ser para dejar tu casa en el cielo a fin de cuidar a un infeliz culpable como yo.” – Fr. Frederick William Faber (1814-1863)

 

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By: Vijaya Bodach

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Ene 25, 2023
Contratar Ene 25, 2023

¿Abrumado por las cargas de la vida? Descubre cómo puedes tener un suspiro de alivio.

Durante muchos años de mi matrimonio, llevé la carga de estar casada con un cónyuge que

no compartía mi fe. Como padres, muchos de nosotros llevamos las cargas de nuestros hijos y miembros de la familia. Pero yo les diría, confíen en el plan de Dios, confíen en Su tiempo perfecto para Su divina providencia. Salmos 68:18-20 dice: «Alabado sea el Señor, a Dios nuestro Salvador, que diariamente lleva nuestras cargas».  ¿Qué debemos hacer con nuestras cargas?

En primer lugar, no te desesperes.  Estar desanimados no es del Señor. Sabemos que la Biblia nos dice en Mateo 6:34: «Así que no os preocupéis por el mañana, porque mañana traerá sus propias preocupaciones».  La escritura también dice: «Cada día tiene suficientes problemas propios. «Estar en paz, es de Dios, pero cuando estamos preocupados, esto es del diablo. No hay preocupación en el cielo, sólo amor, alegría y paz.

Mi amado esposo, Freddy, desarrolló la enfermedad de Alzheimer en los últimos ocho años y medio de su vida. Durante este período viviendo con un esposo que tenía Alzheimer, descubrí que la gracia de El Señor era increíble en mi vida.  Él me dio la gracia de no cargar con la carga de su enfermedad. Esto podría haberme destruido.  Me encontré en una posición en  la que tenía que orar y darlo todo continuamente al Señor, momento  a momento.  Cuando vives con alguien que tiene Alzheimer, la vida cambia constantemente.  Cada mañana, cuando me levanto, voy a la Biblia. Lo hago los primeros frutos de mi día. Sé que mi Jesús llevó cada una de nuestras cargas cuando murió en la Cruz por nosotros.  Él ha pagado el precio por cada uno de nosotros y espera que cada uno de nosotros se apropie de las muchas bendiciones que ha comprado para nosotros a través de su muerte en la Cruz.

Promesas que me han sostenido

En esa temporada aprendí muchas lecciones. Aprendí que a veces Dios no quiere cambiar nuestras circunstancias, pero quiere cambiar tu corazón a través de las circunstancias por las que estás pasando.  Eso es exactamente lo que me pasó a mí.  Aprendí más en los valles que en la tierra prometida y en las cimas de las montañas.  Cuando te enfrentas a situaciones difíciles, aprendes a nadar o te caes hasta el fondo. Aprendes que Dios puede encontrar un camino donde no hay camino.  Continuamente le pedía al Señor: «Dame la gracia como Pablo de estar contento en todas las circunstancias. En la carta a los Filipenses, Pablo escribe que ha aprendido a estar contento independientemente de las circunstancias.  Luego hizo esta declaración: «Puedo hacer todas las cosas a través de Cristo que me fortalece». Tenemos que saber que es la fuerza del Señor y no nuestra fuerza la que nos lleva. Tenemos que confiar en el Señor y no depender de nuestro propio entendimiento.  Tenemos que echar nuestras cargas sobre Él y permitirle que nos sostenga.

Cuando comenzamos a andar en modo de preocupación, simplemente caemos en espiral hacia abajo. Ahí es donde necesitamos venir al Señor y darle nuestras cargas. «Vengan a mí, todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso. Toma mi yugo sobre ti y aprende de mí, porque soy gentil y humilde de corazón, y encontrarás descanso para tus almas» (Mateo 11:28,29). Este es un versículo fantástico de las Escrituras que me ha llevado a lo largo de los ocho años y medio. ¡Eso es una promesa!  Por lo tanto, cada uno de nosotros en la fe, tenemos que estar preparados para arrojar todo el peso de nuestra preocupación y ansiedad por nosotros mismos y nuestros seres queridos sobre el Señor.

¡Misión posible!

Tómate un momento ahora para dar al Señor a todas esas personas que llevas en tu corazón. Puede ser su cónyuge, sus hijos o alguien más que se ha extraviado o es rebelde. Da un salto de fe ahora y entrégale todo al Señor porque Él se preocupa por ti. Dale al Señor todas aquellas áreas donde el enemigo de tu alma te ha robado la paz.

Pasaron veintiocho largos años de espera antes de que mi esposo llegara a conocer a Jesús.   Se lo entregaba al Señor todo el tiempo. Yo diría que él es un «testimonio en ciernes» y nunca me di por vencida.  Dios lo convirtió y sanó su alma a través de un sueño. El tiempo de Dios es muy diferente al nuestro. Lucas 15:7 dice: «Habrá más regocijo en el cielo por un pecador que se arrepienta que por noventa y nueve personas justas que no necesitan arrepentirse.” ¡Puedo decirte que hubo una fiesta en toda regla en el cielo cuando mi Freddy se convirtió! El Señor me mostró que Él era una de mis grandes misiones.

¿Quién es tu gran misión? ¿Es tu esposo, tu esposa, hijo o hija?  Pídele al Señor que los toque y Él considerará estas oraciones.

Nunca es demasiado tarde

Mi Freddy se fue a casa, a la gloria el 14 de mayo de 2017. Sé que él está ahí arriba, y me está mirando aquí abajo.  En Lucas 5:32 Jesús dice: «No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores al arrepentimiento».  Entonces, la misericordia de Dios es para los pecadores, y todos somos salvados por Su gracia.

El Señor dice en Isaías 65:1: «Me revelé a los que no pidieron por mí; Fui encontrado por aquellos que no me buscaron. A la nación que no llamo a mi nombre, le dije: ‘Aquí estoy, aquí estoy’.

En el Diario de Santa Faustina leemos sobre la misericordia de Dios hacia los moribundos: «A menudo atiendo a los moribundos y a través de súplicas obtengo confianza en la misericordia de Dios para ellos, imploro a Dios por una abundancia de gracia divina, que siempre es victoriosa. La misericordia de Dios a veces toca al pecador en el último momento de una manera maravillosa y misteriosa. Exteriormente, parece como si todo estuviera perdido, pero no es así. El alma, iluminada por un rayo de la poderosa gracia final de Dios, se vuelve a Dios en el último momento con tal poder de amor que, en un instante, recibe de Dios el perdón de los pecados y el castigo, mientras exteriormente no muestra ningún signo de arrepentimiento o de contrición, porque las almas [en esa etapa] ya no reaccionan a las cosas externas. ¡Oh, cuán más allá de la comprensión está la misericordia de Dios!»  (Párrafo 1698)

Oremos: Señor, venimos a la sala del trono de la gracia donde encontraremos gracia en tiempos de necesidad. Traemos ante ti a los que están atesorados en nuestros corazones. Concédeles la gracia del arrepentimiento y la conversión. Amén.

 

 

 

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By: Ros Powell

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Ene 25, 2023
Contratar Ene 25, 2023

¿Anhelas sentir el amor de Dios en lo profundo de tu corazón? Todo lo que necesitas hacer es preguntar

Escuché que la camioneta de mi hijo se detuvo en el camino de entrada. Rápidamente me sequé las lágrimas, me limpié la cara con la manga y salí al garaje para saludarlo.

«Hola mamá», dijo con una sonrisa.

«Hola cariño.

«¿Qué te trae aquí esta mañana», le pregunté?

«Papá dijo que recibí un paquete. Voy a agarrarlo antes de dirigirme a la

oficina», dijo.

«Oh, está bien», respondí.

Agarró el paquete y lo seguí hasta su camioneta.

Me dio un fuerte abrazo.

«¿Estás bien mamá?», preguntó.

«Estoy bien», respondí encogiéndome de hombros.

Volví la cara para ocultar mis lágrimas.

«Ella está pasando por una mala racha, estará bien», dijo suavemente refiriendose a su hermana.

«Sí, lo sé. Sin embargo, es difícil. Es demasiada tristeza. Su tristeza es demasiado dura para mí. No sé por qué, pero desde muy joven he estado rodeado de gente luchando contra la tristeza.  ¿Es mi suerte en la vida?»

Levantó las cejas cuestionando.

«O tal vez», continué, «aquí hay algo que necesito ver».

“Quizás. Estoy aquí mamá si me necesitas”, dijo el.

Memoria inquietante

«La depresión puede ser parte de un sistema familiar», dijo mi terapeuta.  «Tú y tu hija son muy cercanos, pero a veces las relaciones pueden enredarse. Lo que quiero decir es que tiene que haber límites, una separación saludable para el crecimiento y la independencia. «.

«Siento que he trabajado muy duro para hacer cambios, pero honestamente, no puedo soportar su tristeza», respondí.  «Y las pequeñas cosas se sienten tan grandes. Como la noche de Pascua.  Después de la cena, mi hija preguntó si podía visitar a su novio. Una vez la vi salir del camino de entrada una ola de temor y pánico se apoderó de mí. Sé que su partida no se trataba de mí, pero sentí mucha vergüenza», le dije.

«¿Puedes recordar cuándo sentiste por primera vez ese tipo de pánico y temor “, preguntó el terapeuta?

Comencé a compartir el difícil recuerdo que surgió de inmediato:

«Todos estábamos en la habitación de mis padres», le dije.  «Papá estaba enojado. Mamá era un desastre. Ella estaba sosteniendo a mi hermanito y tratando de calmar a mi padre, pero él estaba demasiado enojado. Nos estábamos preparando para vender nuestra casa para mudarnos a una nueva. Papá estaba furioso porque la casa estaba en ruinas, como él dijo».

«¿Cuántos años tenías?»

«Alrededor de siete», dije.

«Volvamos a esa habitación en su memoria y hagamos un poco de trabajo», dijo.

A medida que procesábamos la memoria, descubrí que me había centrado en los sentimientos de mis padres y hermanos, pero no en los míos.  Cuando finalmente me puse en contacto con lo que estaba sintiendo, las compuertas se abrieron.  Era difícil dejar de llorar; había tanta tristeza.

Había creído que la felicidad de todos era mi responsabilidad. Cuando mi terapeuta me preguntó qué me habría ayudado a sentirme segura y cuidarme en esa experiencia, me di cuenta de lo que necesitaba, pero no recibí.  Asumí la responsabilidad del niño herido de siete años dentro de mí.  Aunque no había recibido lo que necesitaba entonces, el yo adulto satisfacía esas necesidades y disipaba la mentira de que ella era responsable de hacer felices a los demás.

Cuando terminamos, mi terapeuta dijo: «Sé que fue difícil.  Pero puedo asegurarles que valdrá la pena.  He visto a muchos padres sanar a través de las luchas de sus hijos».

Encuentro de Sanidad

Poco después de mi sesión, mi amiga, Anne, llamó inesperadamente.

«Quieres encontrarte conmigo en la misa de sanación de hoy», preguntó.

«Claro», le dije.

Después de la Misa, una fila formada por personas que buscan oraciones de sanación. Esperé y pronto me dirigieron a dos directoras espirituales femeninas.

«¿Qué te gustaría pedirle a Jesús?»

«Curarlas heridas de mi infancia», le dije.

Comenzaron a orar en silencio por mí.

Entonces una de las mujeres oró en voz alta,

«Jesús, cura las heridas de su infancia. Ella era solo una niña pequeña parada en medio de toda esa rabia, confusión y caos, sintiéndose sola y desesperada por alivio. Jesús, sabemos que ella no estaba sola.  Sabemos que Tu estabas allí con ella. Y sabemos que Tu siempre has estado con ella, a lo largo de su vida.  Gracias, Jesús por su sanación y la curación de su familia».

En el ojo de mi mente vi a Jesús de pie a mi lado. Me miró atentamente, con amor y compasión. Entendí que la tristeza y el dolor de mis padres y hermanos nunca fueron míos, y que Jesús siempre había estado conmigo compartiendo el peso de la tristeza y el dolor.  Él había orquestado el momento exacto en que los lugares ocultos en mi corazón se llenarían de Su amor sanador y misericordia.

En silencio, lloré.

Me alejé asombrada.  La oración de esa mujer describía perfectamente lo que había experimentado hace tanto tiempo.  Este encuentro íntimo con Jesús fue increíblemente sanador.

Oración Contestada

Pronto me di cuenta de que mi deseo de levantar a los demás y satisfacer sus necesidades era, en parte, un deseo subconsciente de satisfacer mis propias necesidades y ser sanado.  Mientras cargaba con el peso de la tristeza de otras personas, no era consciente de mi océano de dolor que nunca había expresado.

Recientemente, mi hija me dijo que se sentía culpable por su tristeza y que sentía que era una carga para mí.  Me sentí horrible.  ¿Cómo podría sentirse así?  Pero entonces lo entendí.  Ella no era una carga, pero su tristeza sí.  Había sentido la presión de mejorarla para poder sentirme mejor. Y eso la hizo sentir culpable.

Mi sanación me ha traído alivio.   Saber que Jesús está con mi hija, orquestando su sanación, me libera para amarla tal como es.

Con la gracia de Dios, continuaré asumiendo la responsabilidad de la hermosa vida que Dios me ha dado.  Le permitiré que continúe sanándome para que pueda ser un recipiente abierto para que el amor de Dios fluya.

Una vez le pregunté a un sabio consejero:

«Sé que Jesús siempre está conmigo y que puedo confiar en Su bondad para cuidarme, pero ¿alguna vez lo sentiré en mi corazón?»

«Sí, lo harás», dijo.  «Él lo hará así».

Amén. Así es.

 

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By: Rosanne Pappas

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Ene 25, 2023
Contratar Ene 25, 2023

Cada uno de nosotros tenemos debilidades con las que luchamos. ¡Pero el Espíritu Santo es nuestro Ayudante!

Sed alegres en la esperanza, pacientes en la aflicción, fieles en la oración. (Romanos 12:12)

La paciencia no era mi punto fuerte antes de que me renovaran en mi fe.

Me avergüenzo cuando recuerdo momentos en los que perdí los estribos, como la vez que critiqué a alguien en la tienda por ser «racista» con mi madre;  el incidente en el trabajo en las Filipinas cuando irrumpí en la oficina del general exigiendo justicia para los empleados;  las muchas ocasiones en que hice una señal grosera con mi dedo a alguien que se me atravesó (¡Tal vez es por eso que el Señor no me permitió seguir manejando!); y todos los pequeños episodios patéticos de intolerancia, comportamientos groseros o mi mal humor cuando no me salí con la mía.

Era tan impaciente que, si alguien no llegaba en el momento en que acordamos reunirnos, partía de inmediato, justificando que no eran dignos de mi tiempo.  Cuando el Señor me hizo su llamado, la paciencia fue uno de los primeros frutos que obtuve del Espíritu Santo.  El Señor me insistió en que no podía ser una buena sierva si no tenía un corazón compasivo, paciente y comprensivo.

Aprendiendo a Esperar

Recientemente, mi esposo me llevó al Hospital de ojos y oídos Melbourne para un chequeo de emergencia. Me trajo recuerdos de los años en que viajaba diariamente al CBD, uniéndome a miles de trabajadores de la cuidad que parecían tan infelices pero que se sentían cómodos con la idea de que tenían el trabajo de su vida. Incluso trabajé muchas horas extras, pensando que me haría rica al hacerlo (no lo hice).

Trabajando en el sector corporativo, la única alegría que tenía era asistir a la misa que se celebraba a la hora del almuerzo en San Patricio o San Francisco. Si estaba realmente aburrida, deambulaba sin rumbo por el centro comercial Myer, haciendo compras sin sentido de cosas que me daban una felicidad temporal.

Todos los días, le preguntaba al Señor, cuándo me «liberaría» del tedioso viaje diario y de los trabajos insatisfactorios. Hubiera dicho que fue una pérdida de mi valioso tiempo de no haber sido por las misas diarias, los buenos amigos que conocí y la forma en que usé el tiempo en el tren: orando, leyendo buenos libros y bordando tapices.

Al mirar hacia atrás, tardó muchos años en responder a mi oración, para darme un trabajo significativo cerca de mi localidad, a solo quince minutos en automóvil de mi casa. Había persistido en mi oración, sin perder la esperanza y la confianza en que Él tendría misericordia de mí y atendería mi petición.

Cuando finalmente me despedí del trabajo de la cuidad, sentí que el peso se me levantaba de los hombros. Finalmente me liberé de la monotonía diaria.  Aunque estaba agradecida por la experiencia, me sentí renovada, esperando un ritmo de vida más pacífico. Con un cuerpo envejecido, mi mente se estaba desacelerando y mis mecanismos de defensa se estaban volviendo más limitados.

Cuando volví a caminar por esas calles familiares, parecía que nada había cambiado mucho: los mendigos de la calle todavía estaban allí; algunas esquinas todavía olían a orina y vómito; personas subían y bajaban, caminaban, corrían o perseguían el siguiente tren; la gente hacía fila para hacer pedidos en los restaurantes que habían proliferado; y las tiendas minoristas todavía se apresuraban a mostrar tentadoramente sus productos para aflojar las billeteras. El sonido de las sirenas abundaba. La presencia policial era fuerte, y oré por mi hija, preguntándome cómo estaba lidiando con su trabajo protegiendo la vida de la cuidad.

Todo era tan familiar que se sentía como un déjà vu, pero el único refugio cómodo que encontré fue en la Catedral de San Patricio, donde había sido lectora en la misa a la hora del almuerzo, y en San Francisco, donde me había arrodillado ante la Madre María para encender una vela, en mi primera llegada a Australia.  Mi oración ferviente por un buen esposo fue respondida en tres semanas. Dios sabe cuándo las cosas son urgentes.

Virtud Muy Necesaria

El sitio web de IBelieve comparte esta maravillosa enseñanza.  El dicho popular «la paciencia es una virtud» proviene de un poema alrededor de 1360. Sin embargo, incluso antes de eso, la Biblia a menudo menciona la paciencia como una cualidad valiosa. La paciencia se define comúnmente como la capacidad de aceptar o tolerar el retraso, los problemas o el sufrimiento sin enojarse o molestarse. En otras palabras, la paciencia es esencialmente «esperar con gracia». Parte de ser cristiano es la capacidad de aceptar circunstancias desafortunadas con gracia mientras tenemos fe en que finalmente encontraremos una resolución en Dios.

En Gálatas 5:22, la paciencia aparece como uno de los frutos del Espíritu. Si la paciencia es una virtud, entonces esperar es el mejor (y a menudo el más desagradable) medio por el cual el Espíritu Santo hace crecer la paciencia en nosotros. Pero nuestra cultura no valora la paciencia de la misma manera que Dios. ¿Por qué ser paciente? ¡La gratificación instantánea es mucho más divertida! Nuestra creciente capacidad para satisfacer instantáneamente nuestros deseos puede estar quitando la bendición de aprender a esperar bien.

¿Entonces cómo esperamos “bien»?  Te recomiendo que leas el artículo completo.  La paciencia está esperando en silencio; está esperando ansiosamente. La paciencia espera hasta el final; está esperando expectante. La paciencia espera con alegría; está esperando con gracia. Pero lo único que no debemos esperar y no posponer por otro segundo es reconocer a Jesús como Señor y Salvador de nuestras vidas.  En un abrir y cerrar de ojos, podríamos ser llamados a entregar nuestra vida.

Persiguiendo la paciencia

Desde la fiesta de Pentecostés hace 20 años, he sido renovada en mi fe. Estoy profundamente agradecida al Espíritu Santo por darme la virtud de la paciencia, cambiándome de una pecadora miserable y enojada a alguien que tiene la capacidad de esperar por Su guía y ayuda.  Este es el misterio de este don.  No puedes hacerlo solo, necesitas la Gracia Divina. No me convertí en una persona gentil y paciente de la noche a la mañana, y cada día es un campo de prueba para mí. Se dice que la paciencia es el «plátano» de los frutos del Espíritu Santo, ya que puede pudrirse rápidamente. Sigo siendo probada, pero el Espíritu Santo no me ha defraudado. Mientras escribía este artículo, ¡logré esperar en el teléfono durante 4 horas para resolver un problema!

El mundo nunca deja de llamarme para que me apresure.  El diablo siempre está tratando de atraerme a otra trampa molestándome hasta que pierda el control. Mi ser egocéntrico siempre está exigiendo que yo sea primero, por lo que necesito mucho del Espíritu Santo para que me ayude a mantener mi paciencia y autocontrol. Sin embargo, para ejercitar verdaderamente la paciencia con todos los que nos rodean, San Francisco de Sales nos dice que primero debemos ser pacientes con nosotros mismos.

Una palabra de precaución. La paciencia no se trata de permitirnos ser víctimas de abuso o permitir un comportamiento pecaminoso. Pero ese es un tema para otro momento, así que les pido paciencia.

«La clave de todo es la paciencia. Obtienes el pollo incubando el huevo, no rompiéndolo». – Arnold Glasow

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By: Dina Mananquil Delfino

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Ene 25, 2023
Contratar Ene 25, 2023

Lo que parece ser insignificante en nuestra vida cotidiana puede tener un valor inmenso desde la perspectiva del Cielo.  ¿Difícil de creer? Sigue leyendo para saber más…

 

«Haz pequeñas cosas con gran amor» – Mi camiseta presenta esta cita conocida de la Madre Teresa. Aunque uso la camiseta frecuentemente en casa, nunca había considerado su mensaje profundamente. ¿Quién realmente quiere hacer cosas pequeñas o incluso considerarlas importantes? Para ser honesta, la mayoría de nosotros soñamos con hacer algo grande, algo extraordinario y notable que nos traerá aplausos, admiración, reconocimiento, autosatisfacción y un sentido de grandeza.

El mundo nos dice que vayamos a lo grande o que nos vayamos a casa. Solo somos admirados y considerados grandes cuando tenemos éxito en todas las áreas de la vida. Entonces, de alguna manera, nos hemos suscrito a esta noción: Grandes cosas = Grandeza.

Verdadera grandeza

Durante la mayor parte de mi vida, había creído lo mismo. Tal vez, esta fue la razón por la que nunca estuve muy contenta. Le rogué a Dios que cambiara mis circunstancias. Lloré millones de lágrimas por haber recibido niños con necesidades especiales. Quería una vida diferente. Estar allí para las necesidades de mis hijos se sentía como estar atrapada entre cuatro paredes en casa.

Busqué significancia y propósito fuera de los planes de Dios. En lugar de prestar mucha atención a lo que Él quería que hiciera, perseguí mis propios deseos. Me negué a hacer «cosas pequeñas» para hacer cosas grandes simplemente por reconocimiento.  Prefería hacer diferentes cosas y obras que pensaba que traerían valor a mi vida, y el sentido de grandeza y realización.

Lo tenía todo equivocado. En lugar de estar contenta en el reino donde Dios me había colocado, estaba creando mi propio reino para mi propia felicidad y gloria. Me tomó años entender que la grandeza no proviene de hacer mi propia voluntad, demostrar mi propio valor al mundo, ganar elogios o incluso demostrar mis talentos y habilidades, sino que proviene de permanecer en el centro de la voluntad de Dios. La grandeza proviene de influir, impactar y servir en mi propio hogar, entre mi propia comunidad. A veces, este reino puede parecer pequeño e insignificante, pero servir con amor como lo hizo El finalmente revelará la imagen más amplia de Sus planes.

Como dice el pastor Tony Evans en su libro Destiny, «Cuando estás viviendo tu vida de acuerdo con el propósito de Dios, Él hará que todas las cosas en tu vida se mezclen para bien. Cuando estás comprometido con Él por encima de todo, Él medirá todo en tu vida: lo bueno, lo malo y lo amargo y los mezclará en algo divino».

En esencia, todo en tu vida, incluso lo más pequeño, puede producir un resultado significativo para Su gloria cuando permaneces fiel a lo poco que se te ha confiado (recordando la Parábola de los Talentos Mt 25).

El ejemplo del Maestro

Jesús redefine la definición de grandeza mostrándonos un camino que es contrario al mundo. Pequeñas cosas = Grandeza. Jesús dijo a sus discípulos: «El que quiera llegar a ser grande entre vosotros debe ser vuestro siervo, y el que quiera ser el primero debe ser vuestro esclavo» (Mt 20,26-27).

Lo reiteró una y otra vez y lo demostró la noche antes de que muriera cuando se arrodilló ante Sus apóstoles y les lavó los pies.

A menudo consideramos el «servicio» como insignificante, y debajo de nosotros, pero Jesús nos muestra, en cada palabra y acción, el tremendo significado que las cosas más pequeñas pueden tener en la construcción de Su Reino. En Sus parábolas, Él compara esas acciones con una pequeña semilla de mostaza que crece en el más grande de los árboles o una pizca de levadura que hace que la masa crezca y se vuelva más sabrosa. Eligió nacer en un establo común en lugar de un palacio real. Se dio cuenta y le dio más valoró a las dos monedas de la viuda en medio de la gran riqueza arrojada al tesoro de lo que otros tenían de sobra. Transformó el regalo del almuerzo de un niño en una fiesta de todo lo que pueda comer para más de cinco mil. Invitó a los pequeños a venir a Él incluso cuando estaba cansado. Se comparó a sí mismo con un buen pastor que nota una oveja que falta en el rebaño y la busca en la oscuridad. Comparó Su muerte con un grano de trigo que cae al suelo y muere, pero finalmente produce una gran cosecha.

Proclamó que las personas más pequeñas son las más preciosas en los ojos de Dios.  ¡Las cosas pequeñas se consideran grandes en Su reino! Él nos demostró esto al convertirse en uno de nosotros.  «El Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir, y a dar su vida como rescate por muchos».  Mt 20:28. Para seguirlo verdaderamente, necesito estar preparada para poner las necesidades de los demás por delante de las mías, para entregarme al servicio de los demás, tratando a cada persona que conozco como me gustaría ser tratada.

En su libro, «En Cargo», el Dr. Myles Munroe escribe: «La grandeza en nuestro mundo materialista se define como fama, popularidad, logros escolares o económicos y notoriedad. La grandeza puede resultar de estas cualidades, pero no son la definición de grandeza. Más bien, la grandeza proviene de tu servicio al mundo. Cuando sirves con tus dones, te vuelves significativo para la humanidad y la gente te describirá como «grande». En resumen, la grandeza es significado. Proviene del valor que agregas a la vida de los demás al servirles. La grandeza no se trata de cuántas personas te están sirviendo, sino de cuántas estás sirviendo a lo largo de tu vida. «

Entonces, ¿Qué Te Hace Grande?

Eres grande cuando estás sirviendo a los demás. Eres grande cuando estás haciendo ese trabajo menos apreciado para satisfacer las necesidades de tu familia. Eres grande cuando estás cuidando a un ser querido que no está bien. Eres grande cuando estás haciendo una diferencia en las vidas de los desfavorecidos con tu tiempo y talentos. Eres grande cuando estás animando a un amigo. Eres grande cuando estás dejando que tu vida haga mella en el universo con una fuerza positiva. Eres grande cuando estás cocinando comidas para tu familia. Eres grande cuando estás criando a tus hijos. ¡Y eres grande cuando haces pequeñas cosas con gran amor!

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By: Elizabeth Livingston

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Oct 21, 2022
Contratar Oct 21, 2022

Durante años luché con la gula sin darme cuenta de la causa raíz detrás de comer en exceso.

Ayer, mientras me preparaba para la misa, estaba pensando en mi continua batalla con comer en exceso. Aunque puede que no parezca visiblemente con sobrepeso para la persona promedio, sé que como más de lo que debería. Como incluso cuando no tengo hambre, solo porque la comida está allí y me siento tentada por ella. Como había terminado de vestirme para la misa antes de que mi esposo estuviera listo, decidí abrir un libro de oraciones de Saint Jude que uso todas las noches para orar para ver si también tenía una oración matutina. Mientras hojeaba las páginas, me encontré con una oración por las adicciones que nunca había notado. Mientras decía la oración, le pedí especialmente a Dios que me sanara de mi adicción a la comida. Aunque había tratado de superar el deseo de comer en exceso durante años, mis esfuerzos habían fracasado.

Alejándose

En la Misa, la lectura del Evangelio fue Marcos 1:21–28. Me dije a mí misma: «De la misma manera que Jesús puede expulsar al espíritu maligno de este hombre, Él puede expulsar este espíritu de gula de mí porque así es como el maligno todavía tiene un control sobre mi vida». Sentí que Dios me estaba asegurando que Él podía e iba a expulsar este espíritu de gula de mí. Mis sentimientos se vieron fortalecidos por la homilía del sacerdote.

En su homilía, enumeró muchos tipos de espíritus malignos de los que necesitamos liberación, como la ira, la depresión, las drogas y el alcohol. Con el que más luchó fue con la adicción a la comida. Explicó cómo perdió cuarenta libras, solo para recuperar treinta. Agregó que no importa cuánto haya tratado de detenerse, siempre cede a la tentación de comer en exceso, cometiendo así el pecado de la gula. Todo lo que describió se relacionaba directamente conmigo. Él nos aseguró que Jesús vino y murió para liberarnos, por lo que no podemos renunciar a la esperanza sin importar cuán desesperados nos sintamos, porque la esperanza siempre está ahí. Jesús nos da esperanza porque venció a la muerte y resucitó. Por lo tanto, podemos reclamar la victoria porque Él ha derrotado el poder del pecado en nuestras vidas. Simplemente necesitamos confiar en que Jesús vendrá a nuestro rescate, en Su propio tiempo.

Cuando tardamos en darnos cuenta de que no podemos hacer nada sin Su ayuda, Dios a veces nos permite estar en posiciones en las que nos sentimos impotentes. Esta mañana, durante mi oración matutina, abrí mi libro de reflexiones diarias a una lectura centrada en encontrar la paz. Para encontrar la paz debemos estar de acuerdo con la voluntad de Dios. Cuando estamos de acuerdo con la voluntad de Dios, podemos ayudar más eficazmente a los demás y guiarlos al Señor.

¿Cómo puedo ayudar a otra persona si soy perfecto? ¿Puedo entender las luchas de otra persona si no he luchado? Cuando estoy luchando contra un pecado, como la gula, mi batalla no es en vano. Es por una razón. Dios nos permite experimentar dificultades para que podamos empatizar y ayudar a los demás y darnos cuenta de que no somos mejores que nadie. Todos nos necesitamos unos a otros, y todos necesitamos a Dios.

Extraña conexión

San Pablo lo demuestra cuando afirma que «se le dio una espina en la carne» para evitar que se volviera «demasiado eufórico» y Cristo le dijo que «el poder se perfecciona en la debilidad». Por lo tanto, él «se alegrará con mucho gusto de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda morar conmigo». (Corintios 12:7–9)

Esta Escritura me enseña que luchar con mi adicción a la comida está destinada a mantenerme humilde. No puedo sentirme superior a nadie porque también lucho por vencer la tentación, como todos los demás, ya sea que crean en Dios o no. Sin embargo, cuando creemos en Dios, las luchas se vuelven más fáciles porque vemos un propósito en continuar la batalla. Muchas personas luchan con adicciones y otros problemas por varias razones, una de las cuales podría deberse a la consecuencia del pecado. Sin embargo, cuando una persona es un creyente de Dios y un verdadero seguidor, él o ella reconoce que sus problemas están destinados para el bien y no como castigo. Romanos 8:28 nos enseña que «todas las cosas obran para bien de los que aman a Dios, que son llamados según Su propósito». Lo más importante es que esta es la realidad para todos los que son llamados al propósito de Dios. Conocer esta verdad hace la diferencia entre ver los problemas, las adicciones y los sufrimientos como castigos, o como bendiciones que funcionarán para nuestro bien a largo plazo. Cuando una persona es llamada por Dios de acuerdo con Su propósito, esa persona es plenamente consciente de este llamado, por lo que acepta lo bueno y lo malo en su vida como la voluntad de Dios.

Mientras reflexionaba, traté de recordar cuándo había comenzado mi adicción a la alimentación. Me di cuenta vergonzosamente de que mi propia adicción a la comida comenzó cuando confronté y condené a uno de mis propios familiares con respecto a su adicción a las drogas y el alcohol.

Ahora puedo reconocer que al mismo tiempo que condenaba airadamente a mi pariente, poco a poco me estaba volviendo adicta a la comida. En última instancia, la censura y la falta de perdón fueron las fuentes de mi adicción. El Señor tuvo que humillarme revelándome, a través de mi propia adicción, que todos somos débiles. Todos enfrentamos adicciones y tentaciones, y luchamos con ellas en muchas formas. En mi orgullo, pensé que era lo suficientemente fuerte como para vencer las tentaciones por mi cuenta, pero al caer presa de mi gula, descubrí que no lo era. Ocho años después, todavía estoy luchando para superar mi adicción a la comida y este pecado de gula.

Dios no puede usarnos si nos sentimos superiores a los demás de alguna manera. Tenemos que ser lo suficientemente humildes como para llegar al nivel de aquellos que nos necesitan, para que podamos ayudarlos donde están. Para evitar juzgar a los demás por sus debilidades, debemos orar por ellos, extender la ayuda y ofrecer nuestras propias luchas por ellos. ¿No es esta la razón por la cual Dios pone a los pecadores y a aquellos que están sufriendo en nuestro camino? Cada vez que nos encontramos con alguien más, tenemos la oportunidad de mostrarle el rostro de Dios, por lo que debemos dejarlo en un mejor estado por haberse cruzado en nuestro camino, no más herido o quebrantado. En Lucas 6:37, Jesús advierte: «Deja de juzgar y no serás juzgado. Deja de condenar y no serás condenado. Perdona y serás perdonado».

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By: Adeline Jean

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Oct 21, 2022
Contratar Oct 21, 2022

¿Te intimidan las luchas en tu vida? ¡Hágase cargo hoy para convertir esas luchas en bendiciones!

¿El Libro de Santiago nos dice que nos regocijemos en nuestras pruebas? Pero, ¿es eso posible, especialmente cuando sientes que estás atrapado en un ciclo de centrifugado y lo mejor que puedes hacer es respirar una vez más antes de que te sumerjas de nuevo? ¿Es posible durante una pandemia de 3 años que nos ha desafiado a muchos de nosotros en formas que nunca imaginamos?

Hubo días durante los últimos años en los que me sentí como si estuviera en una película. Las películas pueden enseñarnos muchas cosas y las mejores películas, las que te hacen suspirar con una sonrisa de confianza, no solo tienen un buen final. Contienen una verdad subyacente que fluye a lo largo de la historia y se construye en un crescendo. Tales películas crean una atracción inexplicable dentro del espectador que grita: «hay más de lo que puedes ver, hay una verdad más profunda aquí».

Aunque no es una película, eso es lo que siento cuando leo el libro de Job en el Antiguo Testamento. Si la historia fuera simplemente, ‘Job se hizo la prueba, perdió todo y recuperó más de lo que tenía antes’, entonces diría: «No, gracias, prefiero quedarme con lo que tengo y saltarme todo el trauma».

Pero hay algo más profundo bajo todas las pruebas y tribulaciones de Job. Este algo más profundo que sucede en la historia de Job puede ser un recurso poderoso para todos nosotros a medida que continuamos a través de los menguantes días del Covid y experimentamos otros desafíos de la vida.

Excavando

En el primer versículo del libro aprendemos que Job “era un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal”. Job era un hombre bueno, un hombre ejemplar, y si alguien debe evitar la calamidad, debe ser este hombre. Yo solía ​​esperar que debido a que estaba haciendo las cosas correctas, porque dedicaba mi vida a Dios y deseaba seguirlo, el camino de mi vida sería tranquilo, al menos un poco. Pero mi experiencia de vida ha logrado erradicar ese pensamiento de mi mente. Job nos recuerda que Dios no garantiza una vida fácil a nadie, ni siquiera a sus amigos. ¡La única garantía de Dios es que caminará con nosotros en la lucha!

Job lo pierde todo, y me refiero a todo. Al final, contrae una enfermedad de la piel que hace que la lepra parezca un eccema. Y todo el tiempo, se niega a maldecir a Dios. Tenga en cuenta que Job no tiene la Biblia para recurrir a ella. Todo lo que tiene son historias transmitidas de generación en generación acerca de quién era Dios y cómo operaba. En algún momento, hizo una elección, la misma elección que cada uno de nosotros debe hacer: ¿seguiremos lo que no podemos ver para obtener lo que no podemos negar?

Después de soportar una tremenda agonía y pérdida, Job desearía no haber nacido nunca. Esta no fue una rabieta adolescente frívola después de una pelea de amantes y una ruptura. Job había sido empujado más allá de cualquier punto de ruptura razonable. Toda su riqueza se había ido, todo su ganado, su tierra, edificios, sirvientes, y lo más trágico de todo, sus hijos estaban todos muertos. Y echando sal en la herida, su enfermedad de la piel era como un tamborileo constante que le recordaba sus pérdidas.

Justo a tiempo

Es en este punto, en el capítulo 38, que Dios finalmente corrige a Job. Usted podría esperar que este sea un buen momento para que Dios, el consolador, lo rodee con sus brazos, o que Dios, el rey guerrero, venga a patear al enemigo hasta la acera. Pero en cambio, Dios habla de corrección. Puede ser difícil para nosotros comprenderlo, pero Job necesitaba esa respuesta particular de Dios más que cualquier otra respuesta.

¿Cómo puedo decir esto con confianza? Porque Dios siempre sabe lo que necesitamos. Dios nos da lo que lleva al crecimiento, a la plenitud ya la salvación, si se lo permitimos. Nuestra parte es decidir si confiamos en que lo que Dios está haciendo es para nuestro propio bien.

La hermosa verdad subyacente que ha estado fluyendo bajo de la historia de Job finalmente emerge al comienzo del capítulo 42, donde Job confiesa: “Por rumores había oído hablar de ti, pero ahora mis ojos te han visto. Por tanto, repudio lo que he dicho, y me arrepiento en polvo y ceniza.”

En este único versículo encontramos el fondo del viaje de Job. Esa sensación de que había más de lo que podíamos ver, una verdad más profunda que podíamos sentir pero no nombrar, ahora se ha hecho evidente.

Hasta este punto, Job ha oído hablar de Dios por otros. Su conocimiento de Dios ha sido “por rumores”. Pero la devastación por la que ha atravesado se ha convertido en un camino que le permite ver directamente al único y verdadero Dios, con sus propios ojos..

Si Dios quisiera encontrarse contigo cara a cara, si quisiera estar más cerca de ti de lo que te imaginas, ¿qué estarías dispuesto a soportar para que eso sucediera? ¿Puedes elegir ver estos últimos dos años como un sacrificio de adoración a Dios? ¿Puedes mirar todas las pruebas en tu vida, todas las pérdidas y dificultades, y discernir la voluntad misteriosa de Dios obrando a través de ellas?

Tómese un momento ahora y ofrézcale sus pruebas a Él como adoración, y luego descanse en la paz que viene en camino!

 

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By: Stephen Santos

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