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Ene 25, 2023 217 0 Antoinette Moynihan, Ireland
Encuentro

SEGURA BAJO SU CUIDADO

La devoción mariana no es un fin en sí misma… Es un camino santo que siempre conduce a Cristo

Mi madre y mi abuela tenían una gran devoción a Nuestra Señora y al Sagrado Corazón. Cuando éramos niños, orábamos a menudo a María por las muchas cosas que necesitábamos. Incluso cuando estábamos tratando de encontrar una muñeca perdida o una bicicleta que fue robada, recurríamos a Nuestra Señora. Mi padre trabajaba en el sector de la construcción.  Cuando el trabajo era escaso, que a menudo lo era, mi madre rezaba a María e inevitablemente, poco tiempo después, un contratista llamaba ofreciendo trabajo a mi padre.

Debido a que pensábamos que el rezo era demasiado largo, la mayoría de nosotros los niños nos escondíamos cada vez que escuchábamos la palabra ‘Rosario’. Pero nuestra madre eventualmente nos encontraba y nos reunía para orar. Desgraciadamente, a medida que envejecimos, Nuestra Señora se hizo menos importante para nosotros que cuando éramos niños.

De regreso a los brazos de María

En 2006, la comunidad de San Patricio vino a nuestra parroquia para servir en una misión. Cada día se oficiaba la Santa Misa por la mañana y se compartían charlas y testimonios por la noche. Para el final de la semana, descubrí que mi corazón estaba empezando a cambiar.  Me inundó una ola de recuerdos de la infancia, de cuando orábamos a Nuestra Señora; y recordé el importante papel que ella desempeñó en nuestras vidas. Anhelaba recuperar la relación que tuve con nuestra Madre María en la infancia.

En el último día de la misión, celebramos una hermosa Santa Misa.  Después, los niños de la parroquia se reunieron alrededor de Nuestra Señora encendiéndole velas, y los adultos nos unimos a ellos.  Mientras encendíamos velas y orábamos, los niños hicieron muchas preguntas acerca de la Santísima Madre: «¿Dónde está ahora?» querían saber, y «¿cómo podemos hablar con ella?»  Rezaban fervientemente con los ojos cerrados y las manos unidas.   Una vez más, sentí el deseo de recuperar la piedad de mi infancia. Comencé a hablar con Nuestra Señora de la misma manera que lo hice cuando era niña.  Los adultos a veces nos contentamos con hablarle a ella, pero no con ella. No le hablamos como lo haríamos con nuestras madres.  Durante la misión parroquial, reaprendí a relajarme con Nuestra Señora y a dejar que las oraciones fluyeran en mí.

Un día iba en el coche con mi pequeña hija Sarah y le dije que me encantaría ver a Nuestra Señora. Ella respondió que sería «genial”.  Después dijo: «Espera mamá, sí vemos a Nuestra Señora; la vemos todos los días, pero nadie toma el tiempo para verla realmente o hablar con ella.” Estaba tan asombrada por su comentario que casi me salgo de la carretera. Lo que dijo Sarah se sintió acertado. Cuando me di la vuelta para pedirle que lo explicara, había regresado a jugar con su muñeca.  Estaba convencida de que su comentario había sido inspirado por el Espíritu Santo.  «Porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los niños » (Mt 11:25).

Sosteniendo las manos de María

Por supuesto, mi devoción a nuestra Santísima Madre incluye rezar el rosario.  Aunque es una oración importante y hermosa, durante muchos años luché para rezarlo porque aún no había superado mi queja de la infancia de que era demasiado larga.  Pero comencé a reconocer la importancia del rosario cuando inicié la meditación en la vida de Jesús. Antes de eso, el rosario era una oración que me apresuraba a terminar.  Pero mientras reflexionaba sobre la vida de Jesús, Nuestra Señora me enseñó que el rosario nos lleva más profundamente al corazón de su Hijo.  Debido a que ella es la Madre de Dios y nuestra Madre también, podemos confiar en que ella nos toma de la mano y nos guía a ese camino más profundo con Cristo, que solo ella entiende completamente.

A medida que avanzamos en la vida, las dificultades que encontramos pueden llevarnos a dudar del amor de Dios o a distanciarnos de Nuestra Señora. Mi cuñada murió de cáncer cuando solamente tenía cuarenta y dos años dejando atrás un esposo y tres hijos. En esos momentos, es natural preguntar: “¿por qué sucedió esto?” Pero, ¿quién puede entender nuestras pruebas mejor que María? Ella se paró al pie de la cruz y observó a su Hijo sufrir y morir. Ella puede ser una compañera para nosotros en cualquier sendero que caminemos, incluso el camino del sufrimiento.

El camino más corto hacia el corazón de Cristo

Fue a través de Nuestra Señora que Dios me guió al verdadero deseo de mi corazón; pero tomó algún tiempo. A través de ella llegué a comprender la importancia de la Eucaristía.  A veces, la devoción de las personas a Nuestra Señora no les conduce a un mayor conocimiento de Cristo.  Pero para Nuestra Señora, todo se trata de su Hijo y de llevarnos a una relación más profunda con él.  Por medio de Nuestra Señora hice la consagración total a Jesús. Es un viaje personal con María hacia su divino Hijo. María es una guía que siempre nos lleva al Sagrado Corazón de Jesús.

En 2009 fui a Medjugorje después de escuchar que Nuestra Señora se estaba apareciendo en ese lugar a seis niños pequeños. Es un lugar simple pero hermoso donde la paz se puede sentir. En Medjugorje había una estatua del Sagrado Corazón alrededor de la cual los peregrinos se reunían para orar.  Cuando llegó mi turno, me acerqué, cerré los ojos y oré con la mano sobre el hombro de la estatua. Pero cuando abrí mis ojos, descubrí que mi mano no descansaba sobre el hombro sino ¡sobre el corazón de Jesús!  Mi sencilla oración había sido: «Jesús, no te conozco tan bien como conozco a tu Madre.» Creo que Nuestra Señora me estaba diciendo: «Bueno, ahora es el momento; es tu hora de ir al corazón de mi hijo». No sabía que el día siguiente ¡era la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús!

Nace un nuevo ministerio

En agosto del 2009, nos visitó un sacerdote que me inspiró a comenzar la devoción a la Divina Misericordia en mi parroquia. Esperaba hacer algo relacionado con el rosario, pero en retrospectiva veo que Nuestra Señora me estaba llevando directamente a su Hijo.  También programé charlas sobre la Divina Misericordia en toda Irlanda, y oraciones por el apostolado de la Adoración Eucarística. Finalmente, me invitaron a ayudar en la planeación del Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Irlanda.  ¡Todas las cosas que nunca imaginé hacer!

Fue al final del Congreso Eucarístico que la semilla de mi ministerio fue plantada en mi corazón. Debido a que había encontrado tanta alegría y gracia fluyendo en el Congreso Eucarístico, me pregunté: «¿Por qué esto tiene que terminar después de una semana de gracia? ¿Por qué no puede continuar?» Y por gracia de Dios, no terminó.  En los últimos diez años, he estado coordinando a los Niños de la Eucaristía, formados bajo el auspicio del apostolado de la Adoración Eucarística en Irlanda.  El objetivo del ministerio es mejorar la fe de nuestros hijos y acercarlos a Cristo a través de la adoración. Este ministerio nació cuando reconocí la necesidad de que los niños aprendieran más sobre la adoración eucarística y la experimentaran regularmente, de una manera amigable para los niños. Después de probar el programa en nuestra escuela primaria local, el programa se extendió rápidamente a muchas escuelas en toda Irlanda.

Cuando era joven, tenía la esperanza de eventualmente dedicarme a la enfermería o alguna otra profesión, pero esos sueños se desvanecieron cuando me casé a los 22 años. Después de comenzar el apostolado de los Niños de la Eucaristía, un sacerdote me dijo: «Tal vez si estuvieras cuidando la salud de las personas, no estarías cuidando la salud de las almas ahora. Estás cuidando el alma de los niños, llevándolos a la adoración, ayudándolos y guiándolos.»

La Madre María no solamente me llevó más cerca de su Hijo, sino que también me inspiró a ayudar a los niños a acercarse a él.  Cuando damos nuestro fiat, nuestro más profundo “sí” a Nuestra Señora, comienza un viaje.  Ella se mueve con nuestro fiat, llevándonos a una unión más profunda con Jesús, a fin de que se cumpla el plan de su Hijo en nuestras vidas.

 

 

 

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Antoinette Moynihan

Antoinette Moynihan is the founder and coordinator of ‘Children of the Eucharist’ Apostolate. She lives with her family in Ireland. This article is based on the testimony shared by Antoinette Moynihan for the Shalom World program ‘Mary My Mother.’

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