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Feb 05, 2021 337 0 Ellen Hogarty, USA
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En la Tormenta

Las tormentas de la vida pueden ser totalmente aterradoras, pero cuando soplan, nunca estamos solos.

Crecí en Hawái y durante mi tercer año de secundaria participé como profesora aprendiz de un programa educativo que enseñaba a los niños sobre biología marina. Llevamos a grupos de estudiantes en un gran velero para excursiones de 4 horas que incluyen coleccionar muestras sedimentarias en el fondo del océano, aprender navegación básica, y lanzar una gran red para pescar y aprender sobre las criaturas del mar.

Parte de nuestro trabajo voluntario incluyó ayudar a la tripulación contratada a navegar el yate a cada una de las islas hawaianas para que pudiéramos ofrecerles este excelente programa a los estudiantes en las escuelas de todo el estado. Recuerdo vivamente la noche que navegábamos por la isla de Maui. Dos de nosotros voluntarios estábamos vigilando cuando de repente se produjo una gran tormenta. Las olas se lavaron sobre los lados del barco mientras mi compañero y yo luchamos por mantener el timón apuntando en la dirección correcta. La tripulación entrenada subió para ayudarnos. Los vientos eran tan fuertes que nos estaban llevando fuera de curso. Para evitar ser barridos al agua, tuvimos que amarrar los arneses y engancharnos a los rieles. Luchamos contra la tormenta durante varias horas antes de llegar a un puerto protegido.

A menudo pienso en esta experiencia cuando leo el evangelio sobre Jesús y los discípulos atrapados en la tormenta en el mar. “Cuando entró Jesúsen la barca, Sus discípulos lo siguieron. Y de pronto se desató una gran tormenta en el mar de Galilea, de modo que las olas cubrían la barca; pero Jesús estaba dormido. Llegándose a Él, lo despertaron, diciendo: ‘¡Señor, sálvanos, que perecemos!’ Y Él les contestó: ‘¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?’. Entonces Jesús se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Los hombres se maravillaron, y decían: ‘¿Quién es Este, que aun los vientos y el mar lo obedecen?’”. Mateo 8:23-27

Los discípulos habían pasado sus vidas trabajando en el mar, y seguramente todos ellos conocían a personas que habían muerto debido a las tormentas. Sabían qué peligroso estos chubascos repentinos podrían ser y qué aterrador debe ser estar en un barco que es sacudido por el poder del viento y las olas.

¡Y aún así Jesús era capaz de dormir en medio de esa tormenta! Sus discípulos tuvieron que despertarlo para obtener su ayuda y él parecía estar sorprendido de que estuvieran aterrorizados. Se dirigió con calma y restauró el orden y la paz de la naturaleza, todo con el asombro absoluto de sus amigos. Maravillados se preguntaron, «¿Qué tipo de hombre es este, que hasta los vientos y el mar lo obedecen?”

¿Qué podemos aprender de este episodio? El año 2020 ha sido un año tormentoso de muchas maneras: Una pandemia mundial, desastres naturales, tensiones raciales, crisis económicas, por nombrar algunas. Muchos están plagados con preocupación y ansiedad en estos tiempos inciertos que sienten que la fundación en la cual estamos de pie cambia y se tuerce bajo nosotros.

En mi propia familia la tensión del desempleo es lo que nos ha sacudido. Mi hermana perdió su trabajo al comienzo de la pandemia y mi hermano había estado buscando trabajo incluso antes de que comenzaran los encierros. Parecía que no había esperanza de encontrar trabajo, ya que las empresas cerraron y la gente estaba despedida. Pero clamamos al Señor, «despertando» a Jesús con nuestras oraciones día tras día pidiéndole que hiciera lo imposible. Y Jesús oyó nuestras súplicas. Mi hermano consiguió un trabajo con una compañía justo días antes de que detuvieran las contrataciones y mi hermana encontró trabajo de buen pago como asesora.

Las tormentas nunca son fáciles. ¡De hecho, pueden ser totalmente aterradoras! Pero Dios está con nosotros en cada tormenta. Jesús está en la barca y nunca sale de nuestro lado. Esa es su promesa: «Nunca te dejaré ni te abandonaré.« (Hebreos. 13:5), y ese es su nombre: Emmanuel, «Dios con nosotros».

Cuando parezca que las olas te van a inundar y te sientes vulnerable y solo, clama a Dios. Sigue clamando, aunque parezca que él está dormido. Mira con los ojos de la fe y verás a Jesús en la barca contigo. Recuerda: “Nadie hay como el Dios de Jesurún… que cabalga los cielos para venir en tu ayuda, y las nubes, en Su majestad. El eterno Dios es tu refugio y debajo están los brazos eternos” (Deuteronomio 33: 26-27).

No importa cuál sea la tormenta.

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Ellen Hogarty

Ellen Hogarty is a spiritual director, writer and full-time missionary with the Lord’s Ranch Community in New Mexico. She blogs at cacklescorner.com.

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