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Mar 26, 2021 226 0 Maria Angeles Montoya,
Encuentro

Una Senda Desconocida

Cuando recobré la conciencia, no sabía dónde estaba, qué día de la semana era o qué edad tenía. Ese día todo se volvió muy desconocido para mi.

Conduciré a los ciegos por un camino que no conocen, por sendas que no conocen los guiaré; cambiaré delante de ellos las tinieblas en luz y lo escabroso en llanura. Estas cosas haré, y no y no los abandonaré (Isaías 42:16).

Debido a que nací con una masa anormal en mi cerebro, comencé a tener convulsiones cuando era una bebe. Me había acostumbrado a que las convulsiones formarían parte de mi vida regular, hasta que un nuevo tipo de convulsiones interrumpió mi vida diaria.. Una mañana, estaba desayunando con mi mamá cuando repentinamente perdí la conciencia. Me caí de la silla y tuve una convulsión que duró de 10 a 15 minutos.

Perdida y Desesperada

Cuando recobre la conciencia, pude reconocer a mi mamá, pero no reconocí la casa ni las cosas que me rodeaban. No sabía dónde estaba, qué día de la semana era o qué edad tenía. En mi casa, no podía identificar mi recamara. Todo me parecía muy desconocido. La convulsión me había causado que perdiera una gran parte de mi memoria. Me sentía perdida. Esto continuó por casi dos semanas, y me sentía desesperada.

Una noche, en medio de mi desesperación, mire a la imagen de la Divina Misericordia que colgaba de mi pared, y clamé al Señor. Le pedí que me diera fuerzas, que me guiara, pero sobre todo que me sostuviera muy cerca de Él. Señor Jesus, no permitas que esta situación me aleje de ti. Al contrario, por favor utiliza esto como una herramienta para acercarme más a ti. Jesus, en ti confío.

Esa misma noche, desperté a eso de las 2 de la madrugada y tuve una visión: Me vi a mi misma caer en un profundo abismo. Entonces, de repente, vi que una mano me sostenía y evitaba que yo me siguiera hundiendo. Era la mano del Señor. En cuestión de segundos, mi dolor y desesperación se transformaron en paz y gozo. De allí en adelante supe que estaba en las manos del Señor y me senti segura.

Dolor Repentino

Dos semanas después de la convulsión, comencé a recuperar recuerdos de mi infancia, pero la mayoría de ellos eran dolorosos. Yo no quería recordar eso. Yo quería recordar solamente los momentos bellos y felices de mi vida. Al principio no entendía porque estaba recuperando mayormente recuerdos dolorosos. Los neurólogos y psicólogos tendrían una explicación: los recuerdos con mayor impacto psicológico son los que mejor se graban en el cerebro. Pero la fe tenía otra explicación: El Señor quería que yo identificara mis heridas y sanara.

Una noche, mientras hacía mis oraciones de la noche, recordé los nombres y las caras de las personas que me habían herido profundamente. Lloré con un profundo dolor, pero, para mi sorpresa, no sentí rabia ni resentimiento hacia ellos. En cambio, sentí la necesidad de orar por ellos y pedir por su conversión y arrepentimiento, y lo hice. Más tarde me di cuenta de que había sido el Espíritu Santo quien me había incitado a orar por ellos porque quería sanarme. El Señor estaba sanando mis heridas.

Una Respuesta Diferente

Tengo un diario, y comencé a leerlo para recordar algunas cosas. Mientras lo leía, me dí cuenta de que había asistido a un retiro de crecimiento Shalom en Marzo, la semana antes de que comenzara el cierre por Covid-19. En el retiro, me rendí ante el Señor y le pedí que dirigiera mi vida. Más tarde, en Mayo, asistí a una Misa de Sanación en mi parroquia local, y le pedí al Señor que me ayudara a identificar mis heridas y a sanarlas.

Nunca me imaginé que el Señor respondería de tal manera. Para mi, la convulsión, la pérdida de memoria y los demás acontecimientos fueron una respuesta perfecta de Dios a mis oraciones. Quizás se pregunten por que Dios respondió a mis oraciones de tal manera, y mi respuesta es esta: cada momento de sufrimiento es una invitación a acercarnos más a Dios, cada dificultad es una invitación a confiar más en Dios, y cada situación en la que perdemos el control es una invitación a recordar que Dios es quien tiene el control y que Sus planes son mejores que los nuestros.

Un Paseo para Recordar

Esto es algo que nunca antes había experimentado. Ciertamente el Señor me llevó por una senda muy desconocida, pero Él estuvo constantemente a mi lado. Aunque olvidé muchas cosas, Él nunca permitió que yo olvidara su amor. Las lecturas bíblicas diarias, las reflexiones, la imagen de la Divina Misericordia, los sueños y las personas que oraban por mí eran un recordatorio constante de Su amor. Lo sentí caminar conmigo a lo largo del camino, lo cual hizo que esta senda desconocida se volviera suave y llevadera. Es por esto que las bendiciones fueron mucho más grandes que el sufrimiento.

Por casi un año, le había servido al Señor traduciendo artículos Católicos y otros documentos, y pude continuar haciéndolo durante estos meses. Aunque olvidé muchas cosas, no perdí la capacidad de traducir, y estoy muy agradecida por eso, porque me permitió trabajar para Su reino durante los momentos de dificultad. Ahora, varios meses más tarde, ya he recuperado mucha memoria. Aún olvido cosas en ocasiones, y me he vuelto lenta en ciertas cosas, pero le doy gracias a Dios por la memoria que he recuperado y todas las bendiciones que he recibido durante estos meses.

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Si el Señor te ha llevado por una senda desconocida, entrégate a Su voluntad y pídele que haga que los caminos se vuelvan suaves y llevaderos. Recuerda que Sus planes son mejores que los nuestros. Él no me abandonó y a ti tampoco te abandonará.

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Maria Angeles Montoya

Maria Angeles Montoya enjoys using her skills and gifts to serve the Lord in various ways, especially through the ministries of intercession and evangelization. Maria has been involved with Shalom Media since 2017, and hugely contributes her time and efforts for Shalom Tidings. She lives with her parents in Texas, USA.

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