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Feb 06, 2019
Evangelizar Feb 06, 2019

Tengo una gran intención de oración, pero antes de ofrecerla, reviso todos los ángulos como si estuviese comprando un automóvil. Las llantas están fuertes porque, definitivamente, esta oración no se trata de mí; en realidad, es la oración menos egoísta que jamás haya hecho, y sé que acumularé muchas millas. Si mi oración es respondida, hará que muchas personas experimenten felicidad, alegría, descanso y conversión. ¿Qué cosa no se podría querer o desear de esta intención? Sin embargo, hay un engaño sutil, y es que se me olvidó revisar debajo del toldo y preguntar: ‘¿y será la voluntad de Dios?’

No faltarían algunos ateos y anti cristianos que, ante esta pregunta, saltaran exclamando: ‘¡Ajá! Si Dios no responde ante tan gran intención, ha de ser porque no existe, o por lo menos, es un Dios malo que permite que sus hijos se enfermen de cáncer.

Si Dios es amor, es prácticamente imposible que sea malo, y por mi propia experiencia de vida puedo dar testimonio de eso y de su existencia. Con todo, ¿qué razón tendría Dios para objetar algo a una intención como ésta? La respuesta es que Él desea el mayor bien, o el bien, para todos.

Si bien lo que yo pido es sólo una intención aislada -y digo aislada porque como ser humano sólo veo una pequeña parte de todo el panorama- Dios VE el panorama completo; y no sólo eso, sino que Él puede ver mi limitada visión del mundo y la intrincada forma en que todo lo que veo toca situaciones de las que no estoy consciente, y la vida de personas que jamás pensé considerar.

Hubo un ejemplo muy claro en las noticias, en donde vi que un buen hombre era ferozmente atacado por unos ideólogos. Fue una situación muy loca e inverosímil en muchos sentidos. Obviamente me puse a rezar pidiéndole a Dios que protegiera a ese hombre y le diera la gracia de vencer a sus atacantes.

¿Y si Dios quisiera que a través del sufrimiento de ese hombre sus atacantes se convirtieran? Si Dios cuida a todas las almas, me parece ver cuál sería su prioridad. Y tú ¿la puedes ver? Quizás la conversión de una de esas personas suscite al San Pablo de nuestros días que le lleve muchas almas a Jesús.

 

Confía en el Señor con todo el corazón,

y no te fíes de tu propia sabiduría.

En cualquiera cosa que hagas,

tenlo presente:

él aplanará tus caminos.

 

 

  • PROVERBIOS 3,5-6

 

Si crees que el ejemplo que acabo de poner significa que no debemos orar o pedir algo en particular, no es eso a lo que me refiero, sino que es un llamado a confiar en Dios. Por supuesto que hay que pedir por todos, pero al mismo tiempo hay que confiar y dejar en sus manos las situaciones porque Él es el único que tiene el panorama completo. Yo ofrezco mis oraciones pidiéndole a Dios que se haga su voluntad y confiando plenamente en que Él permitirá el mejor bien que, por lo demás, siempre sobrepasa, y por mucho, lo que yo había pedido.

Si comienzas a orar con confianza cambiará toda tu vida, de tal modo que cuando lleguen las dificultades tendrás la plena seguridad de que de cada situación saldrá un mayor bien aunque tú no puedas verlo. Te angustiarás menos y hasta te emocionará ver que Dios responde de formas insospechadas e increíbles a tus oraciones.

En resumen, nosotros no conocemos la voluntad de Dios que trasciende todo cuanto podamos imaginar, y si bien es cierto que lo que pedimos en la oración a veces coincide con su voluntad, también es cierto que otras veces no es así.

Si aprendes a confiar en la voluntad de Dios y dejas de querer controlar las situaciones, descubrirás que cada oración no sólo es siempre respondida, sino que actúa para mayor gloria de Dios.

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© JACQUELINE VICK es una católica fervorosa, escritora mística, esposa de un hombre maravilloso, quien además de sus tareas cotidianas, atiende a una mascota de la calle con problemas. Para saber más de ella, visita la página www.jacquelinevick.com

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By: Jacqueline Vick

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